Mes: mayo 2017

Manual para mujeres de la limpieza

Tras años de injusto olvido, te invitamos a que descubras una joya de Alfaguara: Lucia Berlin y su libro de cuentos “Manual para mujeres de la limpieza”, el secreto mejor guardado de la literatura estadounidense, una auténtica revolución literaria.

 

Con su inigualable toque de humor y melancolía, Berlin se hace eco de su vida, asombrosa y convulsa, para crear verdaderos milagros literarios con episodios del día a día. Las mujeres de sus relatos están desorientadas, pero al mismo tiempo son fuertes, inteligentes y, sobre todo, extraordinariamente reales. Ríen, lloran, aman, beben: sobreviven.

La crítica ha dicho…

«Su prosa desciende de Proust y de Chéjov. Siempre me he preguntado por qué el mundo ha tardado tanto en descubrir a Lucia Berlin.» Elizabeth Geoghegan, The Paris Review

«¿Cómo una autora así pudo pasar desapercibida? Quienes adoren a Grace Paley y Lorrie Moore no podrán resistirse al talento de Berlin.» Marion Wink, Newsday

«Algunos escritores de relatos como Munro, Trevor o Chéjov se ponen a tu lado, te dan un suave golpe en el hombro y te dicen: “Ven, siéntate, escucha lo que tengo que decir”. Lucia Berlin da vueltas a tu alrededor, te tira al suelo y pone tu cara sobre el barro.» Ruth Franklin, The New York Times Book Review

«Tras una vida en la oscuridad, ahora se la reverencia como a un genio literario.» Brigit Katz, The New York Times

«Este volumen debería bastar para colocarla a la altura de Jean Rhys o Raymond Carver.» John Self, The Independent

«Recién aparecido en EE.UU., ya ha arrasado en los suplementos literarios y tiene todos los puntos para convertirse en un libro de culto.» Sergio Vila-Sanjuán, La Vanguardia

¿Quién es Lucía Berlin?

Cuando, cerrado el siglo XX, parecía cerrada también la lista de los grandes cuentistas norteamericanos del siglo: Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Truman Capote, Paul Bowles, Raymond Carver, Alice Munro, Lydia Davis? he aquí que aparece un nombre nuevo, con una obra escasa ?setenta y siete cuentos en total? pero que deslumbra a todos y conquista sin disputa un lugar entre los grandes. Se trata de Lucia Berlin, fallecida en el 2004, y de quien, hasta entonces, casi nadie había oído hablar. Cierto, había publicado algunas cosas en vida: sus primeros cuentos datan de los años sesenta, cuando Lucia, nacida en Alaska en 1936, rondaba la treintena; algunos vieron la luz en revistas, su primer libro ( Angels Laundromat) data de 1981, y publicó otros cinco hasta su muerte, siempre en pequeñas editoriales. Pero sólo el año pasado, concretamente en agosto del 2015, ?uno de los secretos mejor guardados de América? (en palabras de un crítico) salió a la luz. Pues uno de los sellos más poderosos de EE.UU., Farrar Straus and Giroux, publicó Manual para mujeres de la limpieza / Manual per a dones de fer feines, una selección de sus mejores cuentos (que llega a España en castellano de la mano de Alfaguara, en una excelente traducción de Eugenia Vázquez Nacarino y en catalán por L’Altra Editorial, con traducción de Albert Torrescasana, en librerías el día 16).

Para sorpresa de propios y extraños el libro se situó nada más salir en el segundo puesto de la lista de los más vendidos del The New York Times. En pocas semanas había vendido más de lo que vendieron, a lo largo de treinta años, todos sus libros anteriores juntos; y aunque, por no estar viva su autora o por tratarse de obra publicada con anterioridad, no pudo recibir ninguno de los grandes premios, sí fue incluido en la lista de los mejores libros del año de las principales revistas y suplementos literarios del país. Pero ¿quién fue Lucia Berlin?

Muchas cosas. Y esa es una de las claves que explica la riqueza, la variedad de sus cuentos. Lucia era hija de un ingeniero de minas y de una mujer fría, racista y alcohólica (así la describe en muchos de sus relatos). Pasó su infancia de ciudad minera en ciudad minera en Idaho, Montana y Arizona. Luego, su padre se fue a la guerra y Lucia, su madre y su hermana se quedaron en El Paso (Texas), donde Lucia asistió, becada, a un colegio de monjas, en el que era la única protestante; además, como su madre prefería la botella a sus hijas, Lucia vivía prácticamente con la familia siria de al lado (lo narra en el cuento Silencio). Tuvo, como puede verse, muchas oportunidades para observar las diferencias culturales por religión u origen social o geográfico, e incluso para imaginar qué habría sido su vida en otra comunidad, por ejemplo, si su familia hubiera muerto en un terremoto y ella se hubiera quedado a vivir con los amigos sirios ( Volver al hogar).

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Con la adolescencia vino una nueva mudanza, a Santiago de Chile, y con ella, una metamorfosis: de niña estadounidense de clase media sin más, Lucia se encontró convertida en una señorita de la clase alta chilena, alumna de un exclusivo colegio privado, que dividía su tiempo, los fines de semana, entre las fiestas de la alta sociedad, con baile y cenas de seis platos, y visitas a los vertederos y chabolas en compañía de una profesora norteamericana, medio misionera, medio revolucionaria (el cuento en el que lo narra, Buenos y malos, es magistral, y el personaje de la profesora, inolvidable). Estudió después ?quería ser escritora, o periodista? en la Universidad de California, donde entre otros, tuvo como profesor a Ramón J. Sender.

Varios traslados (?debo llevar unas doscientas mudanzas a cuestas?, dice en uno de los cuentos), bodas, divorcios e hijos después, encontramos a Lucia en Nueva York, viviendo, por falta de recursos económicos, en un edificio de oficinas, donde se apaga la calefacción de noche: era todo supuestamente alegre, despreocupado y liberal, con mucho jazz, nomadismo, sexo y copas (el tipo de vida retratado por Kerouac o Ginsberg). Pero Lucia y sus dos hijos tenían que dormir vestidos con ropa de esquí. El padre, como tantos en esa época de una libertad sexual recién estrenada cuyas consecuencias, sin embargo, pagaban ellas más que ellos, había hecho mutis por el foro.

A los treinta y dos años, Lucia Berlin tenía en su haber tres matrimonios deshechos, cuatro hijos a su cargo y un alcoholismo con el que lucharía toda la vida? Eso sin contar con problemas de salud graves y crónicos: doble escoliosis, que la había obligado a llevar un corsé ortopédico durante años, problemas respiratorios? Lo que no tenía era una profesión, ni ingresos regulares. De modo que tuvo que ponerse a trabajar en lo que pudo: recepcionista en la consulta de un ginecólogo, ayudante de enfermería en la sala de urgencias de un hospital, e incluso mujer de la limpieza (aunque le costaba encontrar empleo porque las señoras, explica, desconfían de las candidatas ?instruidas?). Todo ello y más (su paso por centros de desintoxicación, sus frecuentes visitas a México, donde vivía su hermana?) lo refleja en sus relatos, cuyo valor radica en esa amplia gama de experiencias, muchas de ellas raramente abordadas en literatura ?pocas escritoras o escritores han trabajado atendiendo a enfermos terminales o limpiando casas?, pero sobre todo en la voz de la autora. Una voz, como señala Lydia Davis en su prólogo, irresistiblemente cálida, cercana, hecha de espíritu de observación, empatía, alegría de vivir, humor: ?No me importa contarle a la gente cosas terribles si puedo hacerlas divertidas?, apunta ella misma. Sus modelos eran Chéjov, por la humanidad, Katherine Mansfield, por la capacidad de encontrar belleza hasta en lo más vulgar, Paul Bowles, por su agudeza en percibir y entender las diferencias culturales?

Hacia el final de su vida, Berlin obtuvo cierto reconocimiento como escritora. La Universidad de Colorado la invitó a dar clases de creación literaria en Boulder. No fue una gran solución económica (vivía en una caravana), pero le dio la oportunidad de añadir una pieza más, muy distinta a las otras, al puzle de sus experiencias vitales: ?Este debe ser el pueblo más sano de todo el país. En las fiestas universitarias o en los partidos de fútbol no se bebe. Nadie fuma, ni come carne roja o dónuts bañados de azúcar. Puedes ir solo por la calle de noche, salir de casa sin cerrar las puertas con llave. Aquí no hay bandas y no hay racismo. Tampoco hay muchas razas, de hecho? (

Lucia Berlin se trasladó, finalmente, a un garaje acondicionado como vivienda junta a la casa de su hijo, en Los Ángeles. Murió el día en que cumplía 68 años. Con un libro en la mano, y sin sospechar que la edición póstuma de su obra iba a traerle, por fin, la consagración que merece.

Vía La Vanguardia

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Graciela Montes: un universo necesario

Nuestra querida escritora Sandra Comino hace un recorrido por la obra de Graciela Montes, un fresco sobre como funciona la mente creativa de una de las mujeres argentinas que más sabe sobre literatura infantil y juvenil.

“Montes se destaca por su espíritu crítico y por abordar lugares diferentes, cruzando el amor, la identidad, el poder, lo poético, lo cotidiano y la fantasía”. Un recorrido por la voluminosa obra para chicos y chicas de la Premio Astrid Lindgren, y un detalle de sus aportes en edición, traducción y teoría de la LIJ.

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Graciela Montes es escritora, editora y traductora. Una de las pensadoras que más teoría le ha aportado a la LIJ ―además de su ficción, claro está―. Los libros de ensayo El corral de la infancia y La frontera indómita analizan problemáticas dentro de la lectura y la escritura de lo que se edita para niños y, como siempre ocurre en la mayoría de sus textos, entrecruzan la historia de la infancia (como estadio determinado culturalmente) y de la literatura. Retoma cuestiones en torno a la construcción del espacio poético, el lenguaje “oficial”, el lenguaje silvestre y la influencia de la cultura en la realidad y la fantasía.

Entre otras cosas, Montes fue directora de la colección Los cuentos del Chiribitil del CEAL, cofundadora de editorial El Quirquincho ―donde trabajó desde 1986 hasta 1992― y una de las fundadoras de la revista La Mancha (1996 – 1998) y de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil). También fundó Gramón-Colihue. Su labor editorial, en suma, es tan amplia como su obra. Tradujo asimismo la reactualización de La literatura para niños y jóvenes. Guía y exploración de sus grandes temas, de Marc Soriano, doctor en Letras que escribió un exhaustivo análisis de obras clásicas, contemporáneas, biografías y temas. Montes aportó a la traducción una mirada y reflexiones sobre autores y temática latinoamericanos.

Como si todo fuera poco, es una de las pioneras en escribir sobre la dictadura cívico militar en Argentina para niños. Fue en su libro El golpe y los chicos, donde aborda los sucesos a partir del golpe de estado de 1976, la historia de las Madres de Plaza de Mayo, el comienzo de la democracia, el juicio a los comandantes, las leyes de Punto final y obediencia de vida y el posterior indulto. El libro incluye un corpus de testimonios de hijos de desaparecidos (entonces niños), que con sus voces reconstruyen qué les ocurrió. También es autora de Una Historia Argentina, escrita en 12 tomos, y una cronología que abarca desde principios del siglo XV hasta 1983.

Personajes

Sus primeros personajes fueron Odos como Papitodo, que en vez de vivir en una latita de azafrán alquila una habitación en la lata de arvejas del Odo Pancho. Luego se casa con Mamitoda y más tarde nace Nicolodo que viaja al país de la cocina. Más tarde se convierte en mecánico de escarabajos. Teodo inventa cosas “útiles y prácticas”, como un atacordones para ciempiés. Odoacro es albañil y Odosio carpintero. Siguieron otros cuentos como el de Amadeo que no para de crecer. Come cantidades increíbles de buñuelos de acelga, llora gladiolos y ríe figuritas de brillantes; El ratón feroz y Bettina y la máquina del tiempo, entre muchos. Imposible no citar a los entrañables Anita y Federico (personajes que tienen varios libros con diferentes temas), relatos que no se clausuran en una lectura sino que se abren a varias.

A menudo, en la ficción de Montes un hecho cotidiano dispara una acción que es atravesada por la exageración en el tamaño. En algunas, lo fantástico o la magia aparecen como desencadenantes que proponen un juego. La ilustración juega con el texto, y ambos con el lector. Anita junta colores (ilustraciones de Helena Torres), Clarita se hace invisible para asustar a la mamá (ilustraciones de Alejandra Taubin), La pipa del abuelo (ilustraciones Oscar Rojas) “dibuja” y da vida al mismo tiempo. A Juanito (ilustraciones Lucía Vidal) un pájaro lo lleva hasta la luna.

Monstruos y exageraciones

Inesita tiene un monstruo en el bolsillo y así cuenta cómo, en un día de morondanga, pueden pasar cosas Maravillosas, Terribles y Extraordinarias. La palabra (otra vez) dispara la concreción de un hecho insólito (fantástico) y a la vez una justicia poética acude a reparar alguna situación que desencadenó un enojo cotidiano.

La familia Delasoga es una familia “muy atada” porque Juan y María Delasoga “se habían atado un día de primavera con una soguita blanca, larga, flexible, elástica y resistente” y no se volvieron a separar. Pasó lo mismo con los hijos. Y no les resultaba nada fácil acomodar “tanta soga” mientras comían o dormían. Historias de un amor exagerado también inicia el relato un día de morondanga “porque esos son siempre los mejores días”, donde nace un amor, en una escuela, en el momento exacto que Santiago Berón (el más petizo) ve entrar Teresita Yoon (la nueva). No se puede dejar de mencionar El club de los perfectos del barrio de Florida, Otroso un mundo distinto amenazado por una violenta patota, Aventuras y desventuras de Casiperro del hambre donde perro desamparado que debe luchar por sobrevivir en un mundo que no es precisamente un paraíso. Aquí narra en clave picaresca la vida de Casiperro.

Abarcar toda la obra de Graciela Montes en una nota es imposible, pero nos queda mencionar las adaptaciones de Los cuentos de las Mil y Una Noches, Cuentos de la Mitología Griega, Caballeros de la Mesa Redonda y la traducción de los cuentos de Perrault, entre otros títulos, para la colección La Mar de Cuentos.

 

Agradecemos a Sandra Comino y Eterna Cadencia por tan rica información.

Fuente : http://www.eternacadencia.com/blog/libreria/lecturas/item/graciela-montes-un-universo-necesario.html

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El libro argentino cruza el océano

Hoy comienza la Feria del Libro Argentino en Barcelona, en la pequeña y hermosa Librería Calders, en pleno corazón del barrio de Sant Antoni, allí desembarcan algunos libros y autores argentinos. La narrativa femenina tendrá un rol protagónico. Habrá charlas acerca de Mariana Enriquez, Marta Dillon, Paula Porroni, María Eva Pérez y Romina Paula, y presentaciones de los libros de Magalí Etchebarne, Cecilia Fanti y Majo Moirón. El cierre será el sábado 27 con un recital de poesía.

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La programación arrancará con “Editoras de aquí que publican a escritoras de allá”, en la que Valeria Bergalli (Minúscula) y Silvia Sesé (Anagrama) hablarán con la librera Isabel Sucunza sobre Mariana Enriquez y Paula Porroni, argentina que vive en Londres y es autora de la novela Buena alumna. En “Narrar el duelo”, Marieta Gargatagli conversará con el escritor y traductor Andrés Ehrenhaus sobre Aparecida, de Marta Dillon. En “La proximidad del relato”, Santiago Fillol dialogará con Isa Campo y Lupe Pérez García sobre Romina Paula, María Eva Pérez y Mariana Enriquez. En “Las autoras por sí mismas”, Magalí Etchebarne, Cecilia Fanti y Majo Moirón presentarán sus libros recién publicados: Los mejores días (Tenemos las Máquinas), La chica del milagro (Rosa Iceberg) y Lobo rojo (Blatt & Ríos) respectivamente. La única excepción a esta regla será la presentación de Una semana con la muerte del escritor y bandoneonista argentino Darío Polonara (Librooks), novela que obtuvo el premio Prumum Fictum 2017.

El escritor y traductor Andrés Ehrenhaus, exiliado de la dictadura cívico-militar que vive en Barcelona desde 1976, cuenta que la decisión de dedicar esta tercera semana a la nueva narrativa femenina la tomaron con los libreros de Calders, Isabel Sucunza y Abel Cutillas. “La Calders es una librería de autor, por decirlo así: se seleccionan cuidadosamente los libros que se exhiben y venden y, aunque el criterio es amplio, la opinión y el gusto de los libreros interviene de manera sensible en las recomendaciones y en la organización de eventos. Y se dio que últimamente la presencia de autoras argentinas en las mesas y en diversas presentaciones empezaba a ser importante. Así que sumamos uno más uno y dio tres: dedicamos esta edición a la producción y recepción de la nueva literatura femenina argentina, no con un ánimo reivindicativo sino más bien con la idea que guió desde el principio esta iniciativa, que es la de estar atentos a lo que va y viene entre ambas orillas y obrar como modesta caja de resonancia. Muy modesta, hay que recalcar, porque todo se hace a pulmón: sin financiación ni subvenciones ni ayudas, y gracias al esfuerzo de los que participan y ponen el hombro porque sí, porque les entusiasma la idea y la creen necesaria”, plantea Ehrenhaus a PáginaI12.

“Nos interesaba hacer especial hincapié en el aspecto de la recepción en España de la literatura femenina que se está produciendo ahora en la Argentina, y ver cómo y por qué editoriales que se mueven dentro del mainstream literario se habían fijado en autoras como Porroni o Enriquez, que tienen marcas tan descaradamente locales, más incluso que la narrativa escrita por hombres, que Anagrama, por ejemplo, viene publicando desde hace tiempo. No quiero aventurar hipótesis, que las tengo, e iniciar una polémica, sino constatar el hecho de que son varias las autoras jóvenes que están irrumpiendo, algunas con mucha fuerza, en el complejo panorama editorial español –explica Ehrenhaus–. En mi caso, además, leí hace poco los libros de ambas y, a pesar de la diferencia de estilos, registros y temas, me interesó la energía narrativa desplegada, mucho más suelta y librada de corsés intelectuales que la de los autores a los que estamos acostumbrados a este lado del charco”.

¿Qué importancia tiene narrar el duelo en Aparecida de Marta Dillon? “Este tema da para mucho”, reconoce el autor de Un obús cayendo despedaza (2014), Tratar a Fang Lo (2007) y La seriedad (2001), entre otros títulos. “El duelo en España aún no se ha narrado con la crudeza y la sinceridad necesarias porque las investigaciones mismas están paradas, y eso que la dimensión humana de los horrores de la posguerra es mucho mayor que los que cometieron las juntas militares argentinas. España es el segundo país del mundo en número de fosas comunes después de la Camboya de Pol Pot, y quizás el primero, en proporción, en fosas no exhumadas. El ejemplo argentino es, en este terreno, tremendamente botón, porque escracha la voluntad institucional española de no remover demasiado la memoria histórica. En Madrid y Barcelona hubo manifestaciones multitudinarias en contra del 2×1, cosa que tampoco es casual, porque muchos de los que las nutrimos vinimos a parar acá para escapar al genocidio y ahora somos doblemente sensibles –aclara el escritor y traductor–. El libro de Marta Dillon es muchas cosas más que el trabajo de un duelo y de ahí su importancia. Por ejemplo, funciona en el epicentro de una polémica acerca de cómo poner la memoria al servicio de lo que vendrá. La mirada de las nuevas generaciones rompe antiguos clichés políticos y culturales e impone otros nuevos, y obliga a un constante y bienvenido replanteo”.

Ehrenhaus cuenta que Magalí Etchebarne, Cecilia Fanti y Majo Moirón presentarán sus libros en Barcelona. Las tres publican en pequeñas editoriales: Tenemos las Máquinas, Rosa Iceberg y Blatt & Ríos. “Las pequeñas editoriales, acá y allá, se mueven por criterios propios, poco ligados a las políticas de consumo: supeditan el éxito a la calidad, la urgencia a la claridad. Además, comparten criterios de una manera más flexible y horizontal, sin la paranoica prepotencia de los grandes grupos. Creo que hoy en día existen dos tipos de editores: los que matan a la gallina de los huevos de oro a la primera de cambio y los que la alimentan para que ponga, con calma, huevos sanos y nutritivos. Editores, libreros, críticos, autores, lectores, todos somos responsables de la literatura que se hace”, subraya el escritor y traductor, y revela que aún no inauguraron la 3ª Semana y ya hay gente que les pregunta por la 4ª. “Quizás es muy prematuro para decirlo, pero tal vez por pura deformación profesional dediquemos la edición del año que viene a las traducciones y los traductores argentinos a uno y otro lado del Atlántico –anticipa Ehrenhaus–. Si retiráramos de las estanterías los libros españoles traducidos por argentinos, la merma sería notable; si retiráramos los libros traducidos, la merma sería enceguecedora. Ya es hora de que atendamos ese tema como se merece y le demos voz al que la presta”.

Fuente Pagina 12, escrito por Silvina Friera

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Claudia Piñeiro: “Yo no quiero que un gobernante me diga si voy a ser feliz”

Vamos encontrando algunas perlitas de la Feria, esta vez una pequeña crónica sobre la presentación de las Maldiciones, la ultima novela que Claudia Piñeiro presentó a a sala llena. Sin duda uno de los libros más vendidos en el stand. Acá la autora cuenta cómo llegó a narrar una historia que se mete de lleno en el mundo de la política y en sus rincones más oscuros.

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Piñeiro saca un libro cada dos años, autora de Las viudas de los jueves, Betibú y Una suerte pequeña, entre varios otros; estuvo acompañada por la periodista Miriam Molero y por la escritora Débora Mundani –quienes, según reveló Piñeiro, fueron leyendo el texto a medida que ella lo iba haciendo– el encuentro resultó una buena excusa para aproximarse a la cocina de la escritura de la novela, que se sumerge en el mundo de la política para contar la historia de dos hombres. Sus personajes son Fernando Rovira, un emprendedor inmobiliario que lidera un partido político nuevo de la provincia de Buenos Aires llamado Pragma. Y el otro es Román Sabaté, un joven a quien Rovira contrata como secretario privado.

La presentación, que se extendió a lo largo de una hora y media, arrancó con una atrapante introducción de Molero que ubicó al público en el universo de Las maldiciones. La periodista trazó una suerte de división entre dos tipos muy distintos de hacer política: por un lado, el de la vieja escuela, cerca de las ideologías, los ideales y con cierta intención de cambiar el mundo; por el otro, la nueva política, con expertos en marketing, consignas simples y cierta idea del eficientismo como camino para llegar al poder. Sin adelantar muchos datos de la trama “para no spoilear”, señaló que la narración adopta la forma de una “road novel” dado que desde el comienzo los lectores se encontrarán con un Sabaté que por algún motivo debe escapar.

De inmediato Mundani definió a Piñeiro como una escritora “que tiene una antena para captar fenómenos sociales”. “Claudia escribe en vivo y en directo. Hay cuestiones del libro que uno podría afirmar que pasaron ayer”, agregó. En cuanto tomó la palabra, Piñeiro quiso aclarar que cuando se pone a escribir no piensa en términos abstractos, en este caso, vinculados con las ciencias políticas o la sociología. “Uno se sienta a escribir en términos de la propia escritura”, señaló. Luego, con imágenes de políticos que iban acompañando su relato, contó que para este libro entrevistó a los dirigentes Ricardo Alfonsín –quien estaba presente en la sala– y Eduardo Duhalde, a quienes les consultó sobre la llamada “maldición de Alsina”, según la cual ningún político que haya sido elegido como gobernador de la provincia de Buenos Aires puede lograr luego ser electo presidente de la república. Según la autora, su intención fue buscar a dos representantes de los partidos más importantes y tradicionales, el Justicialista y el Radical, de quienes incluyó testimonios en la novela como parte de una investigación de la periodista China Sureda, otro de los personajes centrales del libro.

Para reforzar la contraposición entre la vieja y la nueva política, durante la presentación se proyectó un fragmento del discurso que dio el ex presidente Raúl Alfonsín para el cierre de la campaña presidencial de 1983, en el que, ante una multitud que lo escuchaba de pie en la avenida 9 de Julio, recitó el preámbulo de la Constitución Nacional.

Miriam Molero y Débora Mundani, las presentadoras que acompañaron a Claudia Piñeiro coincidieron con ella en señalar que, a diferencia de esa época, en la política actual “se ha perdido la capacidad argumentativa” de antaño y que esto no pasa únicamente a nivel local. La escritora citó el ejemplo de algunas declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump. “¿En manos de quién estamos? No sabemos. No sabemos si estamos en manos de gente que pasa un examen psicotécnico”, señaló ante las risas de los presentes.
Cuando llegó el turno de las preguntas del público, nuevamente volvió el tema de la apelación a términos de marketing en la política. Piñeiro aclaró que ella no es experta en ciencia política pero que se siente subestimada cuando los dirigentes usan términos como “felicidad” o “amor” en sus plataformas. “Yo no quiero que un gobernante me diga si voy a ser feliz. Porque además: ¿qué es ser feliz?”, apuntó y los presentes nuevamente rieron.

Al ser consultada sobre si esta novela guarda relación con alguna de sus anteriores, aseguró que en cierto sentido se acerca a Betibú o a Las viudas de los jueves porque todas ellas describen la sociedad en la que viven sus protagonistas y que se trata de un libro con mucho humor. “Algunos me preguntan: ¿es de llorar o es policial?”, dijo con ironía, al tiempo que señaló que incluyó detalles históricos sobre la fundación de la ciudad de La Plata y su trazado, entre otros, porque ese entramado la daba curiosidad. “Al que no le gusta lo puede saltear. Si yo escribo el libro que supuestamente el otro quiere leer no tiene gracia”, señaló.

Para finalizar, las presentadoras aclararon que, como en todo libro de Claudia Piñeiro, hay una muerte. “¡Hay un cadáver, como no podía ser de otra manera en un libro de Claudia!”, apuntó Molero y agregó: “El cadáver está ahí, pero a nadie le importa”. “Me gusta poner a los personajes en abismo y el peor abismo es la muerte”, concluyó la escritora, que luego salió al encuentro de sus lectores que la esperaban para la tradicional firma de ejemplares.

Fuente: http://www.infobae.com/cultura/2017/05/01/claudia-pineiro-yo-no-quiero-que-un-gobernante-me-diga-si-voy-a-ser-feliz/

 

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El centenario de Juan Rulfo: la conexión local de un mexicano universal

Narradores, académicos y críticos literarios de la Argentina reflexionan sobre la trascendencia de la obra del escritor a partir de cuatro preguntas clave sobre la vigencia de su literatura.

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En una semana con varios homenajes a Juan Rulfo por el centenario de su nacimiento, cuatro voces autorizadas de la literatura argentina hablan de la obra del genial narrador mexicano, en la que destacan la fuerza de su oralidad, el minimalismo y la presencia de los escenarios místicos, entre los que estacan el pueblo de Luvina, que da nombre a uno de sus cuentos más populares, y Comala, escenario de su novela Pedro Páramo.

Pedro Luis Barcia (académico): En los programas universitarios hoy aparece escasamente. En nuestra cátedra (que no es literaria sino cultural) en una Facultad de Comunicación hace veinte años que tenemos a Pedro Páramo acompañado de una guía de lectura que allana ciertas dificultades textuales. En la escuela secundaria es frecuente que se lean y comenten un par de cuentos de El llano en llamas; acabo de incluir uno en manuales que he revisado. No disponemos de lectometrías -digamos así- probadas de supervivencia en los lectores hedónicos. Su novela no es fácil para un lector no avezado. Más accesibles son sus cuentos. Como en casi todo, tal vez el lector común lo compre más de lo que lo lea. Rulfo tuvo su ola de difusión. Ahora se ha amortecido un tanto, pero como buen clásico que es retornará como las estaciones.

-¿Qué aspectos se valoran más de su literatura? ¿Cómo se lee y cómo se entiende a Rulfo?

Celina Manzoni (académica): La creación de un lenguaje, la construcción de tramas sencillas, en apariencia, pero cargadas de sentido, la profundidad en el trazado de sus personajes. Y me parece que esto es así porque casi todos los personajes de los cuentos de El llano en llamas, por ejemplo, se constituyen, desde una voz reconocible en el cruce entre lo individual y lo social en el llano, un espacio natural inclemente de sus cuentos: la religiosidad y la culpa en “Talpa”; la soledad y el viento en “Luvina”; la injusticia en “Nos han dado la tierra” y en “Es que somos tan pobres”. Pero quizás lo fundamental en la experiencia de la lectura esté en las voces de esos personajes; en su individualidad alcanzan, aunque decirlo así suene algo pedante, la dimensión de lo universal; interpelan, hacen reflexionar, conmueven incluso en su desesperanza o quizás por su desesperanza en la que sin embargo no deja de filtrarse, a veces un pálido humor.

-¿En qué autores contemporáneos del país se puede rastrear la pista de Rulfo?

Manzoni: Héctor Tizón, en sus primeras novelas: Fuego en Casabindo, El cantar del profeta y el bandido y en los cuentos de El jactancioso y la bella y de El traidor venerado, en los años setenta hace suya, si fuera posible decirlo así, la lección de Rulfo. La invención de un lenguaje, su capacidad para expresar un mundo y el ambiente de la puna jujeña lo acercan a Rulfo. Es interesante encontrar algo más que “la pista de Rulfo” en algunos escritores que en el fin de siglo buscan construir una nueva estética. Rulfo pasaría a ser para algunos de ellos algo así como el maestro postergado. Opacado quizá por los brillos del boom, aunque los mayores reconocieron siempre su maestría, escritores jóvenes en diversas geografías de América encuentran o quizá reencuentran a Rulfo y lo homenajean iniciando sus novelas con variaciones sobre el célebre comienzo de Pedro Páramo: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Un inicio que vuelven casi tan célebre como el del Quijote. Enrique Vila-Matas, admirador de Rulfo (y también de Monterroso), empeñado en abrir nuevos caminos para la literatura española, en Historia abreviada de la literatura portátil encomia la superioridad de los textos livianos, de fácil transportación, sobre las obras insoportables y, en consecuencia, intransportables. En Bartleby y compañía se divierte con los autores que han elegido la práctica de lo que denomina la literatura del “no”. También Roberto Bolaño homenajea a Rulfo. En sus “Consejos sobre el arte de escribir cuentos”, dice: “Hay que leer a Rulfo y a Monterroso”, y en uno de sus últimos escritos advierte que “allí mero donde se aburre una osamenta, se puede divisar ya Comala, la ciudad de la muerte”. En fecha reciente, Cristina Rivera Garza publicó en México Había mucha niebla o humo o no sé qué, un libro sobre Rulfo que provocó un escándalo mediático y acusaciones de plagio.

Barcia: Respecto de Rulfo, en Argentina no se dan casos como los de la proyección franca de García Márquez en la obra de nuestra María Granata. Pero puedo señalar la impronta rulfiana en el último Osvaldo Soriano, en relatos de Luisa Valenzuela y en algún cuento de Antonio Di Benedetto, como “Aballay”. Pero esa presencia se da más en la sobrehaz expresiva, que en la intencionalidad semántica.

Schweblin: Creo que hay algo de él en casi toda mi generación. Formé parte hace un mes atrás del jurado que entregó el premio Alfaguara a Ray Loriga. Todo el jurado estuvo de acuerdo en que su novela era muy “rulfiana”, lo que armó una gran discusión acerca de qué era lo rulfiano, y la duda de si acaso no estábamos generalizando demasiado su influencia. Sin embargo, lo primero que dijo Loriga cuando subió a recibir su premio, fue agradecerle “al maestro”, a Juan Rulfo.

-¿Es universal la literatura de Rulfo?

Barcia: Como en todas, la narrativa mexicana tiene muchas naves de cabotaje. Pero desde sus astilleros ha lanzado al mundo buena flota de ultramar: Fuentes, Del Paso, Villoro, Rulfo. Pedro Páramo -que porta en su apellido un sello que asocia hombre y entorno- conlleva en su seno dos o tres mitos asociados: el hijo de la violación que busca su padre, el viaje al infierno, el diálogo escatológico con los muertos. Su relato está transido de ecos del sustrato indígena, del mundo clásico grecolatino, de los libros bíblicos que orean el relato. Todo ello le da apertura universal.

Crotto: Por ejemplo, en “Talpa”, en “No oyes ladrar a los perros” y en aquel fragmento maravilloso de Pedro Páramo donde una muchacha recuerda el entierro de su madre al que no fue nadie, se introduce al lector en la traición de los amantes, en la difícil relación entre padres e hijos y en el dolor por la muerte de la madre. Son temas universales y concretos. Y uno podría entonces decir que sí, que es universal. Pero va más allá. Cuando se lee se vislumbra que hay algo sagrado en esas vidas, que hay algo que las trasciende y que ese algo nos hermana a ellas. Rulfo nos lleva a un misticismo de pies en la tierra.

Tres actividades por Rulfo

Jueves a las 19

Proyección del film Purgatorio, del mexicano Roberto Rochín, basada en textos breves de Rulfo. En el Auditorio Jorge Luis Borges del Museo del Libro y de la Lengua (Av. Las Heras 2555)

Viernes a las 19

“Rulfo desde el presente de la literatura latinoamericana”: mesa redonda con Federico Falco, Liliana Colanzi y Rodrigo Márquez Tizano. En Eterna Cadencia (Honduras 5574)

Hasta julio

Se puede visitar la muestra Juan Rulfo. En la tierra de las voces, en la sala Leopoldo Lugones de la Biblioteca Nacional (lunes a viernes de 9 a 21; sábados y domingos de 12 a 19)

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2024469-el-centenario-de-juan-rulfo-la-conexion-local-de-un-mexicano-universal

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