La Feria del Libro de Lima arrancó con un menú muy variado

México es el país invitado y Richard Ford, la estrella; presencia argentina y la política entre líneas

Reproducimos la nota de Daniel Gigena para La Nación

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LIMA.- En una nutrida ceremonia oficial, con la presencia del ministro de Cultura, Salvador del Solar, y autoridades de la Cámara Peruana del Libro, se inauguró ayer la 22ª edición de la Feria Internacional del Libro de Lima, que abre hoy sus puertas al público y se extenderá hasta el 6 de agosto.

El año pasado, la FIL de Lima convocó a más de 500.000 personas y los organizadores esperan batir ese récord de asistencia en 2017. La feria se desarrolla en el parque Los Próceres de la Independencia, en el distrito limeño de Jesús María.

Los precios de las entradas oscilan entre 3 y 7 reales. Un dólar cuesta en Lima, aproximadamente, 3,25 soles y el salario promedio de los trabajadores en ese país no supera los 1300 soles. Un libro pocas veces cuesta más de cien soles en el país de Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa. El lema de este año en la FIL de Lima es “Leer está en tus manos”.

Escritores y editores argentinos estarán presentes en la FIL de Lima, ciudad embanderada por los festejos de la independencia. El 28 y el 29 se celebran las fiestas patrias por la declaración de la independencia. María Moreno, Claudia Piñeiro, Daniel Benchimol (director y fundador de Proyecto 451) y la licenciada Luciana Rabinovich son los argentinos invitados formalmente por los organizadores de la feria.

Autores y editores del sector editorial independiente de la Argentina, tres de ellos gracias al apoyo del Fondo Argentino de Desarrollo Cultural y Creativo del Ministerio de Cultura de la Nación, viajarán a Lima.

Visitas extranjeras

Desde Chile, el sello Universidad Diego Portales acerca una novedad que ojalá llegue a las librerías porteñas: José Donoso. Diarios tempranos 1950-1965, con edición a cargo de Cecilia García. La nueva novela de Claudia Piñeiro, Las maldiciones (Alfaguara), es otra de las novedades para lectores peruanos. El tema de la corrupción de los políticos, que la novela de Piñeiro aborda, no es exclusividad de la Argentina. En Perú, el encarcelamiento del ex presidente Ollanta Humala y de su señora, Nadine Heredia, por presunto lavado de dinero revela que realidad y ficción compiten por atrapar el interés de los pueblos latinoamericanos.

Aquellos argentinos que visiten la FIL limeña no deben perderse la hermosa exposición El sol lila. Constelaciones poéticas de Luis Hernández, que se desarrolla en la Casa de la Literatura Peruana. Hernández nació en 1941 en Lima y murió, trágicamente, a los 35 años en Buenos Aires. Su obra poética dio inicio a una contracultura en la que dialogaban la música clásica, el dibujo, el cine, el ballet y la cultura de masas.

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VANOLI: “LA LITERATURA TIENE QUE METERSE CON EL PROBLEMA DEL CONSUMO”

“Si uno se pone a pensar, hoy la política interpela a muy poca gente y la sociedad encuentra la identificación, la plena realización o la felicidad en lo que es el consumo. La literatura tiene que hacerse cargo un poco de eso”, afirma Hernán Vanoli, quien recientemente acaba de publicar Pyiongyang (Literatura Random House, 2017). Con un tono fantástico, que roza el presente distópico, el autor propone interrogar la esfera de los consumos actuales y afirma que la “la literatura es un consumo más, pero tiene que aspirar a ser un consumo superior a una serie de Netflix”.

Reproducimos una nota de La primera Piedra a nuestro escritor Hernán Vanoli

Sobre el autor:

Hernán Vanoli nació en Buenos Aires en 1980. Es uno de los editores de la revista Crisis, donde escribe sobre consumo, literatura e historia cultural, y del pequeño sello Momofuku. Trabaja como guionista e investigador. Publicó relatos en diversas antologías nacionales y extranjeras, una nouvelle pulp, ensayos, un libro de cuentos y las novelas Pinamar y Cataratas (Literatura Random House, 2015).

La distopía llegó, hace rato

Con cuatro cuentos que proponen una interrogación acerca de las formas en las que los humanos interactúan entre sí y con la tecnología, Pyongyang (Literatura Random House, 2017) trae de vuelta a escena a Hernán Vanoli con su tono particular dentro de la literatura argentina. Haciendo uso de distintos registros y recursos, el autor seduce al lector para entrar de lleno en historias donde lo fantástico y lo normal interactúan frecuentemente.

En esa dirección, el uso de referencias culturales y marcas de consumo son algo que caracterizan la obra de Vanoli y que en Pyongyang se puede ver nuevamente, donde sin saturar esa estrategia, las formas de pensar y de sentir de los personajes muchas veces se ven puestas en juego a partir de los distintos consumos que el capitalismo actual y la tecnología le proponen  aun habitante de una gran ciudad, como lo es Buenos Aires.

— ¿Cómo surgieron los cuentos que componen Pyongyang? ¿Fueron en simultáneo o fue un trabajo tuyo posterior juntarlos?
 Es un libro que yo fue escribiendo muy a lo largo del tiempo, osea tenía unos cuantos cuentos que iba a escribiendo de a poco. Llegó un momento en el que me daban ganas de mostrarlos y ahí fue que armé el libro, trabajándolo en conjunto con la editora de Random, Ana Pérez. Suele pasarme que al escribir de a poco los cuentos se van formando diferentes libros, con ejes distintos. La selección es un trabajo muy lindo para mí.

 

— ¿Qué hilo conductor ves como el principal entre estos cuatro cuentos?
— 
Los uní porque me parecía que había un clima compartido. Por un lado había una pregunta acerca de la sociabilidad y los sentimientos, con las transformaciones que se dan de manera cotidiana con la tecnología. Después, por otro lado, me parecía que a pesar de ese componente que los unía, las perspectivas de narración eran bastante diferente entre sí. Eso generaba un conjunto que a mí me cerraba, más con aquello fantástico que los recorre, un poco permeable con el género de ciencia ficción.

La expectativa mundial te pide, si sos un escritor de Latinoamérica, que muestres pobreza, exotismo, “la fauna local”. Explicar en definitiva todo para ser más legible, con algo de “argentinidad para dummies“. Es una opción, pero a mí no me interesa

— En relación con eso que decías, sobre los elementos de ciencia ficción que hay en el libro, también hay algunos elementos realistas en el libro, como una especie de presente distópico. ¿Fue tu intención esa?
 A mí me interesaba extrapolar elementos que me llamaban la atención a terrenos y geografías muy cercanos y palpables. Los cuentos suceden en Buenos Aires, hay recorridos urbanos y están vinculados a experiencias contemporáneas. A mí me sirve siempre siempre pensar las cosas geográficamente e incluso el cuento que le da título al libro, “Pyongayang”tiene esos elementos. El libro se podría haber llamado “Buenos Aires” tranquilamente, por ejemplo, sin embargo Pyongyang también me sirvió para hablar de los estados de la mente: ¿qué nos pasa cuando recorremos la ciudad?

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— Al ubicar las historias en un lugar, que haya ciertas referencias culturales y políticas que al menos un porteño las puede reconocer fácilmente, ¿cómo manejás eso como escritor? Teniendo en cuenta el miedo que puede generar que un libro de literatura sea demasiado “actual”.
 La cuestión de la universalidad es una preocupación que el escritor tiene siempre en la cabeza. Me parece que en el libro hay un intento de anclarlo, pero no demasiado, trabajar esa distancias. Hay una idea de salir del costumbrismo, si bien las referencias podían ser identificables, al mismo tiempo podían funcionar para aquellos que no las conocían.

La experiencia cotidiana de alguien que vive acá, en San Pablo, en Lima, en Santiago de Chile o en la Ciudad de México,cada vez más son parecidas, aunque sea más para mal que para bien. A mí me interesa ese vínculo entre las grandes ciudades latinoamericanas

— Siendo un escritor argentino, y por ende sudamericano, ¿cómo escribir desde lo local con ese temor a que no se entienda o no interese? Más si se piensa que la literatura europea o estadounidense no toma esos recaudos.
 Ese es todo un tema, a mí como lector me encanta leer cosas donde aprendo del lugar donde ocurren las cosas sin que me las expliquen. Los escritores sudamericanos podemos hacer lo mismo. Eso trae, por cuestiones de poder y geopolítica algunos inconvenientes, porque la expectativa mundial te pide, si sos un escritor de Latinoamérica, que muestres pobreza, exotismo, “la fauna local”. Explicar en definitiva todo para ser más legible, con algo de “argentinidad para dummies“. Es una opción, pero a mí no me interesa, creo que podemos repensar un poco la categoría de lo local y lo urbano.

— ¿En qué sentido repensarlas?
 Acá estamos en Buenos Aires, que tiene usos de la lengua muy específicas que son históricas, pero después al mismo tiempo, la experiencia cotidiana de alguien que vive acá, en San Pablo, en Lima, en Santiago de Chile o en la Ciudad de México,cada vez más son parecidas, aunque sea más para mal que para bien. A mí me interesa ese vínculo entre las grandes ciudades latinoamericanas y no sobreexponer esa “marca local”.

 En entrevistas anteriores señalaste que tu relación con la literatura argentina era como la que se tiene una familia: con los cariños y distancias que eso implica. ¿Cómo sería eso?
 Para mí la materia básica de la literatura es la imaginación, que está dispersa en el lenguaje, en las experiencias, en la forma en la que contamos las cosas. A mí me interesa trabajar con eso, es lo más desafiante en cierto punto. Hay una tradición realista que es muy fuerte y muy buena, pero también me gusta la que hace una interrogación a la imaginación política que tienen las sociedades en un momento determinado. Por ejemplo, yo rescato mucho la figura de Julio Cortázar, que está puesto muchas veces en un lugar de escritor adolescente o setentistas, pero eso tiene que ver en cómo fue apropiado. Él tenía una manera de interrogar la realidad cotidiana y a mí también me interesa esa corriente, correrse un poco de lo anecdótico.

De hecho, el gobierno actual en Argentina que sale de la investigación de mercado. Si no nos hacemos cargo que la modernidad nos dejó como legado herramientas de conocimiento y manipulación de la subjetividad de masas, y que eso opera permanentemente por corporaciones cada vez más poderosas, es terminar pensando a la literatura en un lugar muy marginal y de entretenimiento para un nicho de personas.

— ¿Y qué escritores contemporáneos ves que van en esa dirección? Se me ocurre el ejemplo de Mariana Enríquez, que explota mucho lo fantástico.
 El ejemplo que das vos es muy bueno: Mariana Enríquez tiene un gran trabajo con los géneros. A mí me sorprendió y me impactó Todo lo que perdimos en el fuego, que tiene una variedad de registros muy importante y abría la puerta a esa dimensión sórdida que tiene esa realidad. Luciano Lamberti me parece otros escritor que trabaja muy bien con esos bordes. Hay dos tendencias muy fuertes en la literatura argentina actual: una son las escritoras mujeres, que tienen mucha fuerza. La otra es la ciencia ficción, que se abrió la puerta para escribir sobre el tema.

— Recién hiciste referencia a la fuerte presencia que hay de escritoras mujeres. ¿Se dejó de pensar acerca de “la mirada femenina” cada vez que hay un libro de una autora?
 Lo que me parece que tiene este momento en particular, que es algo que no se daba tan a menudo por un montón de trabas sociales que todos conocemos, es que hay muchas escritoras que escriben muy bien. Además del caso de Mariana, también está Selva Almada, Samanta Schweblin y no puedo dejar de nombrar a Lola (NdE: Lola Copacabana, escritora, editora y traductora, pareja de Vanoli) que fue seleccionada para el Hay Festival en Bogotá. En general, ellas mismas producen que no se las lea como la mirada femenina, sino con una calidad muy potente.

 


 

— Volviendo un poco a Pyongyang, y también a lo largo de tu obra, en tus escritos siempre hay referencias a marcas. ¿Cómo trabajás eso? Pienso en el ejemplo de Fogwill.
 Yo trabajo y trabajé en lo que es el mundo de la investigación de mercado. Para mí una de las principales esferas de la actividad humana donde la literatura debe meterse es en la esfera de consumo. Todo nuestro lenguaje está infectado por eso y hay una industria poderosísima como la de la mercadotecnia, que influye en nuestra experiencia urbana. A mí me parece que todo lo que es lo relacionado a las marcas en la literatura aparece demasiado poco. Si uno se pone a pensar, hoy la política interpela a muy poca gente y la sociedad encuentra la identificación, la plena realización o la felicidad en lo que es el consumo. La literatura tiene que hacerse cargo un poco de eso.

Hoy la política interpela a muy poca gente y la sociedad encuentra la identificación, la plena realización o la felicidad en lo que es el consumo. La literatura tiene que hacerse cargo un poco de eso.

— ¿Cómo sería hacerse cargo de eso?
 Tiene que pensar su rol en relación con el consumo y con la identificación que proponen las marcas. Ahora la publicidad está proponiendo formas de operar en la ciudad, de llevarse con el otro, de entender el cuerpo. De hecho, el gobierno actual en Argentina que sale de la investigación de mercado. Si no nos hacemos cargo que la modernidad nos dejó como legado herramientas de conocimiento y manipulación de la subjetividad de masas, y que eso opera permanentemente por corporaciones cada vez más poderosas, es terminar pensando a la literatura en un lugar muy marginal y de entretenimiento para un nicho de personas. La literatura tiene que ser una máquina de combate y meterse con estos problemas, no en un rol de denuncia, pero sí para interrogarlos de manera ética, estética y políticamente.

— ¿Y cómo evitar que la literatura sea pensada como un consumo acrítico más?
 La literatura es un consumo más, pero tiene que aspirar a ser un consumo superior a una serie de Netflix. Con que complejice las cosas, me deje pensando y después dude dos veces antes de hacer un acto que yo tenía naturalizado, alcanza para mí. Con esto no estoy criticando las series de Netflix, porque hay cosas que están buenísimas y Pyongyang se nutre un poco de eso, como por ejemplo Black Mirror.

 

— A la hora de escribir, ¿tenés algún mecanismo o rutina?
 Tomo muchas notas, sin llegar a ser diarios, que es algo que me gustaría hacer, pero soy muy anárquico: tomo notas de voz, tengo infinidad de libretas con cosas que se me ocurren. Después, necesito saber que tengo tiempo por delante para poder arrancar una historia, en eso tengo un cierto grado de neurosis muy importante. Una vez que siento que la historia está encaminada, no necesito nada.

Es un escenario muy vital, pero a veces hay pocas discusiones en algunas cosas. Ser escritor es muchas veces estarse peleando por definir qué es ser escritor y no hay posiciones claras en ese sentido

— Un poco ya hablamos antes, ¿qué panorama tenés de la literatura argentina?
 Mi panorama es que hay mucha diversidad, un montón de cosas que sorprenden, una gran cantidad de editoriales. Es un escenario muy vital, pero a veces hay pocas discusiones en algunas cosas. Ser escritor es muchas veces estarse peleando por definir qué es ser escritor y no hay posiciones claras en ese sentido. Me parece que las generaciones nuevas de escritores son muy interesantes, que ese escribe con mucha libertad y el peso de la tradición es cada vez menor,lo cual tiene un costado que está bueno. También hay pocas instancias de críticas relacionadas a los libros.

— Por último, para alguien que quiere empezar a escribir, ¿qué consejo le darías?
— Las cosas básicas que uno puede decir es que se lea todo lo posible, de materiales diversos: leer ensayos y poesía es muy importante. Conversar con gente que también está escribiendo es clave, lo mismo aproximarse a otras disciplinas artísticas. Y algo fundamental es la honestidad: no escribir como una especie de ganar algo o posicionarse, sino hacerlo con una reflexión muy fuerte acerca de lo que uno hace y que, como dijo Daniel Durand en un poema, la vida tiene que parecerse a lo que uno escribe. Por eso la idea de vivir de la literatura es un poco ridícula no solo en un plano material, sino porque aislarse en la escritura puede ser contraproducente. Yo desconfío un poco del escritor que en un momento de su vida se dedica solo a escribir: uno tiene que chocarse con el mundo, tiene que escuchar, aprender, cambiar su mentalidad.

 

Fuente: http://www.laprimerapiedra.com.ar/2017/07/entrevista-hernan-vanoli-la-literatura-meterse-problema-del-consumo/

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Wonder va al cine

WONDER es la película basada en la novela “La lección de August” de JR Palacios, publicada en el sello Nube de tinta, el mismo que tiene toda la obra de John Green.

Si no conoces la Lección de August o Wonder, como se lo llamó en inglés; te contamos que es una historia muy dulce y fuerte al mismo tiempo, que narra la historia de Auggie Pullman, un niño que nació con una deformidad facial. Y después de diez años de ir de hospital en hospital y de largos periodos en su casa, decide ir por primera vez a la escuela. Gracias al apoyo de sus padres, Nate e Isabel, Auggie trata de encajar en el nuevo reto al que se enfrenta. Demostrar que es un niño como otro cualquiera pese a su fisíco será una dura batalla. Profesores, compañeros de colegio y vecinos se enfrentarán también a ellos mismos, combatiendo por cambiar la pena por la aceptación total.
Una novela que puede tocar el tema del bullying desde otro angulo y profundiza en la problemática de la violencia ante la diferencia, y en la búsqueda del buen amor y la amistad sana.

Stephen Chbosky (Las ventajas de ser un marginado) dirige este drama que Steve Conrad (En busca de la felicidad) ha adaptado de la novela homónima de RJ Palacio. Julia Roberts interpretará el papel de la madre de Auggie, a quien dará vida Jacob Tremblay. La fecha de estreno en Estados Unidos es noviembre, y llegará a la Argentina el 1 de diciembre.

Si bien falta para diciembre te queremos contar que tenemos disponible toda la saga de Wonder que inicia con August y sigue con la historia narrada desde el punto de vista de otros personajes.

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Más allá del invierno

Ya conoces la nueva novela de Isabel Allende?

El hallazgo fortuito de un cadáver en pleno Brooklyn unirá las vidas de tres personajes de forma inesperada: la de Lucía, una chilena madura, vital y optimista; la de Evelyn, una joven y asustada guatemalteca que ha llegado de manera ilegal a los Estados Unidos, y la de Richard, un americano profesor universitario torturado por su trágico pasado.

Isabel Allende parte de la célebre cita de Albert Camus -«en medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible»- para urdir una trama que presenta la geografía humana de unos personajes propios de la América de hoy que se hallan «en el más profundo invierno de sus vidas»: una chilena, una joven guatemalteca ilegal y un maduro norteamericano. Los tres sobreviven a un terrible temporal de nieve que cae en pleno invierno sobre Nueva York y acaban aprendiendo que más allá del invierno hay sitio para el amor inesperado y para el verano invencible que siempre ofrece la vida cuando menos se espera.

Más allá del invierno de Isabel Allende es una obra absolutamente actual que aborda la realidad de la emigración y la identidad de la América de hoy a través de unos personajes que encuentran la esperanza en el amor y en las segundas oportunidades.

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Masha y el Oso en el teatro

Del 8 al 30 de julio por las vacaciones de invierno se presenta en el musical “Masha y el Oso, Rescate en el circo”, con dos funciones diarias para toda la familia en el Teatro Nacional, de Avenida Corrientes al 900. Llevan más de dos mil espectadores. 

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Masha y su gran amigo Oso disfrutan de su cotidianidad cuando reciben la vista de “El cazador de estrellas”. Un personaje circense que dice tener el circo más grande del mundo y que está desesperado buscando a una nueva estrella para hacerla brillar y viajar por el mundo entero! Bear recuerda sus años de acróbata en el circo de Moscú y se entusiasma con la idea de formar parte de un proyecto tan grande y ambicioso en donde podrá hacer feliz a miles de niños. Con la ayuda de Masha y los animales del bosque comienzan a ensayar. Entre travesuras, enredos, enojos y carcajadas logran terminar un cuadro que deberán presentar en un casting en donde el mismísimo cazador de estrellas será el jurado. Luego de ver la performance de varios de los animales, es el turno del Oso, quien deslumbra a todos con su brillante número de acrobacia, baile y sombras chinescas. El cazador da su veredicto y dice que por decisión unánime (ya que él es el único jurado) el Oso será la nueva estrella del circo! Todos festejan menos Masha quien se da cuenta que extrañará mucho a Oso. Luego de lágrimas y abrazos, Oso parte hacia un nuevo mundo de aventuras y aplausos.

Cuando están por abandonar el bosque para siempre, los lobos, desde su destartalada camioneta, descubren que el cazador de talentos no es más que un simple cazador de osos! Y que su único plan es atrapar al Oso y venderlo a un zoológico en donde maltratan a los animales.

Rápidamente salen en busca de Masha y al resto de los amigos quienes deberán idear un plan para rescatar a Oso y liberarlo de las malvadas garras del Igor, el Cazador.
Con la ayuda del público, Masha y sus amigos lograrán salvar a Oso, que además descubrirá que no existe un mejor lugar en el mundo que su propia casa.
Todos festejan y deciden que el bosque necesita una nueva atracción, y deciden montar El Circo de Masha, Oso y sus amigos…! donde todos son parte del show!

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