Borges imprescindible

Debret VianaDebret Viana es escritor y además, trabaja como librero en El Ateneo Grand Splendid. En esta ocasión, le pedimos que nos diga cuáles son los tres textos fundamentales de Jorge Luis Borges (pueden ser cualquiera de sus cuentos, poemas, prólogos, conferencias, notas) que todos debemos o debiéramos leer.

La tarea es inabordable. En el momento en que decido un texto, otro se me vuelve indispensable. Leídas una o dos líneas de cualquier texto una voz me susurra “listo, es éste, no busques más, éste es perfecto”. Ese susurro yace suspenso en cada página. Así me entrego al naufragio feliz por la voz de Borges: no importa en qué puerto encallemos, habrá siempre algo que nos llame y nos ilumine.

1- La lotería en Babilonia; Ficciones.

En esta fábula filosófico-kafkiana tenemos un Borges accesible (no el de la infinita erudición y las teorías literarias que espantan al pueblo) que especula sobre el carácter azaroso e intercambiable de ser una cosa u otra cosa (carpintero, político, asesino, youtuber). Tu vida y mi vida dependen de un origen arbitrario, cumplen cada una la función que les tocó y podrían ser sustituidas una por otra de la noche a la mañana y el universo y tu equipo de papi fulbo y tu novia continuarían inconmovibles. Una lotería en Babilonia decide, cada determinado período de tiempo, quién es quién o quién es qué: el rol social y el ser, entrelazados en un problema filosófico irresoluble. ¿Hasta qué punto el azar es una deidad y qué queda exento de su intervención? Cumplido el plazo, a través de la lotería son dados los nuevos roles: quien era médico ahora es ladrón, el bufón es astrónomo, el esclavo es skater, el taxista tiene Uber, etc. Vemos relativizado casi todo lo que compone nuestro yo, pero no para que seamos uno con la nada ni en pos de un programa apocalíptico y destructor sino para que nos esforcemos en hallar en nosotros algo verdadero con lo que decir  yo. No solo es un Borges preciso y clásico, sino que es un cuento que hace bien: le da un trompazo pedagógico al ego y nos fuerza a contactarnos con la perturbadora cercanía de la otredad y nos recuesta, de paso, en el altar sacrificial del azar para que podamos observar desde allí lo inconmensurables y patéticos que son los límites de nuestro existir. Los dados están rodando; y todo es susceptible de ser de otra manera.

 

2- La otra muerte; El Aleph

Hay quien dirá que este es un cuento menor. Sugiero que vaya a decírselo a Deleuze. Quizá tenga algo que ver el deslumbramiento infantil que me poseyó cuando lo leí, sin saber en ese entonces qué estaba leyendo ni quien era Borges. Su trama es apenas una anécdota, pero el minúsculo hecho que parece narrar contiene una de las más bellas historias de redención que leí – quizá porque se trata de una redención a través del delirio. Un tipo obró cobardemente en una batalla. Sobrevivió, pero sentía cada día el peso de su cobardía. Sin embargo, no hubo más guerra, no tuvo chances de redimir su hombría. Su vida pasa, y en el lecho de muerte delira que combate heroicamente en la batalla en la que fue un cobarde, y que muere allí. La belleza de esta redención semi onírica radica en que la potencia de ese delirio incide en la realidad y hay quien recuerda que este tipo murió en la guerra, hace cuarenta años, como un héroe. El narrador registra los sigilosos pasos del milagro, el modo singular en que el rapto narcótico del sueño de un moribundo tuerce el tiempo o la memoria del tiempo. Sea como fuese, el pasado no es una cosa quieta y quizá las cuentas que no saldamos a tiempo sean saldadas en la senilidad. Y quizá nuestro soñar moribundo mueva alguna cosa de su lugar.

Otro de los detalles hermosos de este cuento es la manera en que una crónica, línea a línea, se va volviendo un relato fantástico, la historia real huye de su propio narrador: no solo, quizá, por el poder del milagro ocurrido, sino, quien sabe, también porque contar algo que pasó está a dos segundos de resbalar hacia la ficción.

Nota prescindible: Si bien Borges ingresa en la categoría de literatura menor (no escribe desde un género dominante, se ubica en el margen y en la periferia, es argentino, etc.) es arduo hallar un momento de su obra en el que el universo borgeano no esté postulado.

 

3- El libro; Borges Oral

“Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros.”

Según Borges todas las invenciones son intentos de extender el cuerpo: el revólver, la espada, el arado extienden el brazo; el telescopio, los lentes, la vista; el teléfono es una extensión de la voz y facebook de la gilada. Pero el libro es otra cosa: es un instrumento mágico que extiende la memoria y la imaginación. Esta es la transcripción de una clase que dio Borges en la Universidad de Belgrano, y donde hallamos preciosamente capturada su voz y su amor. No es sólo un canto a la magia contenida, durmiente y expectante en el objeto libro, sino también y sobre todo un documento de la simplicidad de cada línea de Borges, ausente por completo de barroquismos o pedanterías, y de la justificación pasional de los argumentos y no académica, museística o acartonada. Borges pasa con soltura por la biblioteca de Alejandría, Platón, Pitágoras, los maestros orales, la inutilidad del libro sin nadie que dialogue con él, pasa por Shakespeare, por Quevedo, por Homero, por la biblia y el Corán, aborda – no sin polémica – la tesis de un libro nacional, y concluye con Montaigne que leer ha de ser placentero: si leer supone un esfuerzo ese libro no es para nosotros, al menos hoy. Todos los temas borgeanos están aquí articulados con una liviandad cautivante, con una soltura amena y fraternal. Aquí Borges nos habla de lo que ama, y nos lo vuelve amable y nos hace difícil no amarlo a él en el camino. Salimos del texto casi sintiendo que conocemos a Borges, salimos del texto y somos un poco mejores que hace un rato.

También te podría interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *