Desayuno con autores

El viernes pasado, como todos los últimos viernes de cada mes, participamos del desayuno de novedades de la editorial. Y en esta vuelta tuvimos el gusto y el placer de escuchar a tres grandes autores de la casa contando sus libros de primera mano, secretos de escritura y gajes del oficio.

Estuvieron desayunando con libreros Ray Loriga, Reynaldo Sietecase y Eduardo Sacheri.

Acá van algunas fotos de esa mañana.

 

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Feliz día del escritor

A todos aquellos que con muchas publicaciones o aún en camino de romper el silencio, están entrelazados entre las palabras y las historias…

Arte poética

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

 
De Velorio del solo, JUAN GELMAN

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Murió Juan Goytisolo, figura cumbre de la literatura española

Considerado como uno de los escritores españoles más importantes del siglo XX, murió a los 86 años en la ciudad marroquí de Marrakech, donde residía

juan goytosolo

El escritor Juan Goytosolo, premio Cervantes en 2014 y una de las figuras centrales de la literatura española del siglo XX, murió hoy a los 86 años en Marrakech, la ciudad marroquí donde residía desde hace varios años.
Goytisolo fue uno de los escritores contemporáneos con más tradición narrativa de las letras españolas, uno de los más críticos y gran interlocutor entre la cultura europea e islámica.
Fuentes del Consulado Español en Casablanca, del que depende la demarcación de Marrakech, señalaron a la agencia española Efe que la muerte ocurrió “por causas naturales” en la casa del escritor, que se encontraba muy débil y con numerosos achaques.

Heterodoxo y polémico, el novelista nacido en 1931 en Barcelona estaba considerado el mejor representante de la Generación de los 50, conformada por hijos de la Guerra Civil española (1936-1939) que unieron sus reivindicaciones sociales a la preocupación por el lenguaje y la reflexión filosófica. Era hermano del poeta José Agustín Goytisolo (1928-1999), y del escritor y académico Luis Goytisolo (1935). Estudió Derecho en la Universidad de Barcelona y tras la publicación de sus dos primeras novelas, vivió exiliado en París, entre 1956 y 1969.
En la capital francesa fue asesor literario de la prestigiosa editorial Gallimard y conoció a la que después sería su esposa, Monique Lange, novelista y guionista francesa, con la que se casaría en 1978 y tras su muerte, en 1996, fijó su residencia en Marrakech.

Tras su exilio parisino, Goytisolo vivió en EEUU, donde fue, entre 1969 y 1975, profesor de Literatura en las universidades de California, Boston y Nueva York. Su obra abarca diferentes géneros, la narrativa, el reportaje, el ensayo, la literatura de viajes, el cuento y hasta las memorias. Además, colaboró durante décadas en el diario español El País, para el que fue corresponsal de guerra en Chechenia y Bosnia. Sus dos primeras novelas, “Juegos de manos” y “Duelo en el paraíso” se enmarcan dentro las tendencias del realismo social que caracterizó los años cincuenta.
Entre 2005 y 2008 se publicaron sus obras completas, divididas en cinco volúmenes: “Novelas y ensayo 1954 – 1959”; “Narrativa y relatos de viaje”; “Novelas de 1966 a 1982”; “Novelas de 1988 a 2003”, y “Autobiografía y viajes al mundo islámico”. Además del Premio Cervantes, ganó el Premio Nacional de las Letras Españolas 2008, el Premio de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo (2004), entre otros.

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Buenos Aires celebra el medio siglo de “Cien años de soledad”

gabo

Con una oferta inagotable de muestras, ciclos literarios, instalaciones y ediciones especiales, Buenos Aires celebrará desde esta semana y hasta fines de julio los cincuenta años de “Cien años de soledad”, la novela icónica del colombiano Gabriel García Márquez que se publicó en toda Latinoamérica y España gracias a la apuesta de riesgo que realizó una editorial argentina bajo la tutela del mítico editor Francisco “Paco” Porrúa.

A la luz de las múltiples influencias y derivaciones que provocó su aparición en una escena literaria dominada por las referencias indigenistas y los vínculos hieráticos entre ficción y realidad, resulta difícil no imaginar un destino de grandeza para la saga de los Buendía, que lleva vendidos más de 50 millones de ejemplares y es por lejos la novela más popular de América Latina.

El panorama no era tan nítido sin embargo en 1967, el año en que Porrúa -que se desempeñaba como asesor en Editorial Sudamericana- decidió apostar por García Márquez, que por entonces había publicado tres obras con buenas críticas pero ventas mínimas y sobrevivía escribiendo guiones de cine en México, al mismo tiempo que Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar entregaban al mercado editorial los primeros títulos de lo que luego sería conocido como el “boom latinoamericano”.

“Estoy, en efecto, trabajando en mi quinto libro, ‘Cien años de soledad’. Es una novela muy larga y muy compleja en la cual tengo fincadas mis mejores ilusiones. Según mis cálculos, los originales tendrán unas 700 cartillas, de las cuales tengo listas 400. A pesar de las dificultades con que trabajo en este libro que he planeado durante unos 15 años, estoy haciendo esfuerzos para terminarlo a más tardar en marzo”, le había escrito el colombiano al editor en una misiva fechada el 30 de octubre de 1965.

“Cien años de soledad” se publicó finalmente el 5 de junio de 1967 con una tirada inicial de ocho mil ejemplares que se agotó en quince días y salió con una portada provisoria -la imagen de un barco en medio de la selva, hoy transformada en un emblema- ya que la tapa que deseaba el escritor no llegó a tiempo desde Colombia.

“Fue una audacia apostar por García Márquez en aquel momento, pero creo que todos los editores cuando publican un primer libro de un autor desconocido son audaces. Por algo Porrúa fue un editor mítico, porque apostó y ganó varias veces eligiendo autores desconocidos y perseverando en publicarlos aunque de la primera vez no se vendieran… pero este no fue el caso de ‘Cien años de soledad'”, destaca Gloria Rodrigué, que tenía apenas 16 cuando comenzó a trabajar en Editorial Sudamericana, el sello fundado por su abuelo.

“No había pasado ni un mes y tuvimos que reeditarla”, evoca la editora, que dejó el sello en 2005 y tuvo la oportunidad de conocer al Premio Nobel de Literatura 1982: “Era una persona afable y simpática y era apasionante escuchar los cuentos de su niñez y su vida en Colombia. La última vez que hablé por teléfono con él fue luego de la publicación de ‘Historia de mis putas tristes’ y recuerdo que él estaba muy sorprendido de que su libro se estuviera vendiendo en las librerías de Buenos Aires”, recuerda.

Han pasado cincuenta años desde ese hito fundante de la renovación literaria del continente y se multiplican las interpretaciones en torno a los aportes de “Cien años de soledad”, algunas de sesgo crítico como las de McOndo -el colectivo que hace unos años fundaron escritores como Rodrigo Fresán o Alberto Fuguet contra la tradición del realismo mágico- aunque la mayoría dedicadas a exaltar los aciertos de este texto, en especial su innovación de la estructura de la novela y la inauguración de una perspectiva poscolonial en la narrativa latinoamericana.

“Creo que su mayor hallazgo es el estilo (no una ‘escritura’, como se insiste) muy decantado, adiestrado por las buenas lecturas de García Márquez y su veteranía, a los cuarenta años, de periodista. Una sí­ntesis de la mitología americana contada con extrema gracia y buen vocabulario, con los aportes antropológicos que la época exigía”, señala a Télam el editor Luis Chitarroni.

cien años 50 aniv.
En ocasión del 50 aniversario de la publicación de Cien años de soledad, llega una edición con ilustraciones inéditas de la artista chilena Luisa Rivera y con una tipografía creada por el hijo del autor, Gonzalo García Barcha. Una edición conmemorativa de una novela clave en la historia de la literatura, una obra que todos deberíamos tener en nuestras estanterías.

¿Qué posición ocupa “Cien años de soledad” en la literatura a cincuenta años de su aparición? “Un lugar ambiguo. La envidia literaria de muchos contemporáneos y la frivolidad aburridí­sima de las modas sucesivas (idénticas a sí­ mismas desde hace por lo menos cuarenta de los últimos cincuenta años), con sus critículos rapaces y sus ‘transgresores’ de vidriera se encargaron de incomodarla en el sentido más etimológico”, apunta quien hoy está a cargo del sello La Bestia Equilátera.

Acaso como parte de esa ambigüedad que señala Chitarroni, en sintonía con el aniversario de la publicación a partir de esta semana tendrá lugar en la Argentina -a tono con una agenda compartida con otras regiones del continente- un extenso repertorio de tributos que volverán sobre los alcances de la novela y permitirán su circulación a través de nuevas ediciones.

El grupo Penguin Random House, que hace algunos años absorbió a la editorial Sudamericana, acaba de lanzar dos ediciones conmemorativas: una lleva la tapa original de Iris Pagano y la otra es una versión limitada confeccionada en cartoné y lomo de tela que lleva ilustraciones de la artista chilena Luisa Rivera y una tipografía especialmente diseñada por Gonzalo García, hijo de García Márquez.

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Graciela Montes: un universo necesario

Nuestra querida escritora Sandra Comino hace un recorrido por la obra de Graciela Montes, un fresco sobre como funciona la mente creativa de una de las mujeres argentinas que más sabe sobre literatura infantil y juvenil.

“Montes se destaca por su espíritu crítico y por abordar lugares diferentes, cruzando el amor, la identidad, el poder, lo poético, lo cotidiano y la fantasía”. Un recorrido por la voluminosa obra para chicos y chicas de la Premio Astrid Lindgren, y un detalle de sus aportes en edición, traducción y teoría de la LIJ.

montes foto

Graciela Montes es escritora, editora y traductora. Una de las pensadoras que más teoría le ha aportado a la LIJ ―además de su ficción, claro está―. Los libros de ensayo El corral de la infancia y La frontera indómita analizan problemáticas dentro de la lectura y la escritura de lo que se edita para niños y, como siempre ocurre en la mayoría de sus textos, entrecruzan la historia de la infancia (como estadio determinado culturalmente) y de la literatura. Retoma cuestiones en torno a la construcción del espacio poético, el lenguaje “oficial”, el lenguaje silvestre y la influencia de la cultura en la realidad y la fantasía.

Entre otras cosas, Montes fue directora de la colección Los cuentos del Chiribitil del CEAL, cofundadora de editorial El Quirquincho ―donde trabajó desde 1986 hasta 1992― y una de las fundadoras de la revista La Mancha (1996 – 1998) y de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil). También fundó Gramón-Colihue. Su labor editorial, en suma, es tan amplia como su obra. Tradujo asimismo la reactualización de La literatura para niños y jóvenes. Guía y exploración de sus grandes temas, de Marc Soriano, doctor en Letras que escribió un exhaustivo análisis de obras clásicas, contemporáneas, biografías y temas. Montes aportó a la traducción una mirada y reflexiones sobre autores y temática latinoamericanos.

Como si todo fuera poco, es una de las pioneras en escribir sobre la dictadura cívico militar en Argentina para niños. Fue en su libro El golpe y los chicos, donde aborda los sucesos a partir del golpe de estado de 1976, la historia de las Madres de Plaza de Mayo, el comienzo de la democracia, el juicio a los comandantes, las leyes de Punto final y obediencia de vida y el posterior indulto. El libro incluye un corpus de testimonios de hijos de desaparecidos (entonces niños), que con sus voces reconstruyen qué les ocurrió. También es autora de Una Historia Argentina, escrita en 12 tomos, y una cronología que abarca desde principios del siglo XV hasta 1983.

Personajes

Sus primeros personajes fueron Odos como Papitodo, que en vez de vivir en una latita de azafrán alquila una habitación en la lata de arvejas del Odo Pancho. Luego se casa con Mamitoda y más tarde nace Nicolodo que viaja al país de la cocina. Más tarde se convierte en mecánico de escarabajos. Teodo inventa cosas “útiles y prácticas”, como un atacordones para ciempiés. Odoacro es albañil y Odosio carpintero. Siguieron otros cuentos como el de Amadeo que no para de crecer. Come cantidades increíbles de buñuelos de acelga, llora gladiolos y ríe figuritas de brillantes; El ratón feroz y Bettina y la máquina del tiempo, entre muchos. Imposible no citar a los entrañables Anita y Federico (personajes que tienen varios libros con diferentes temas), relatos que no se clausuran en una lectura sino que se abren a varias.

A menudo, en la ficción de Montes un hecho cotidiano dispara una acción que es atravesada por la exageración en el tamaño. En algunas, lo fantástico o la magia aparecen como desencadenantes que proponen un juego. La ilustración juega con el texto, y ambos con el lector. Anita junta colores (ilustraciones de Helena Torres), Clarita se hace invisible para asustar a la mamá (ilustraciones de Alejandra Taubin), La pipa del abuelo (ilustraciones Oscar Rojas) “dibuja” y da vida al mismo tiempo. A Juanito (ilustraciones Lucía Vidal) un pájaro lo lleva hasta la luna.

Monstruos y exageraciones

Inesita tiene un monstruo en el bolsillo y así cuenta cómo, en un día de morondanga, pueden pasar cosas Maravillosas, Terribles y Extraordinarias. La palabra (otra vez) dispara la concreción de un hecho insólito (fantástico) y a la vez una justicia poética acude a reparar alguna situación que desencadenó un enojo cotidiano.

La familia Delasoga es una familia “muy atada” porque Juan y María Delasoga “se habían atado un día de primavera con una soguita blanca, larga, flexible, elástica y resistente” y no se volvieron a separar. Pasó lo mismo con los hijos. Y no les resultaba nada fácil acomodar “tanta soga” mientras comían o dormían. Historias de un amor exagerado también inicia el relato un día de morondanga “porque esos son siempre los mejores días”, donde nace un amor, en una escuela, en el momento exacto que Santiago Berón (el más petizo) ve entrar Teresita Yoon (la nueva). No se puede dejar de mencionar El club de los perfectos del barrio de Florida, Otroso un mundo distinto amenazado por una violenta patota, Aventuras y desventuras de Casiperro del hambre donde perro desamparado que debe luchar por sobrevivir en un mundo que no es precisamente un paraíso. Aquí narra en clave picaresca la vida de Casiperro.

Abarcar toda la obra de Graciela Montes en una nota es imposible, pero nos queda mencionar las adaptaciones de Los cuentos de las Mil y Una Noches, Cuentos de la Mitología Griega, Caballeros de la Mesa Redonda y la traducción de los cuentos de Perrault, entre otros títulos, para la colección La Mar de Cuentos.

 

Agradecemos a Sandra Comino y Eterna Cadencia por tan rica información.

Fuente : http://www.eternacadencia.com/blog/libreria/lecturas/item/graciela-montes-un-universo-necesario.html

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