Luciano Lamberti: “En mi generación no tenemos un Borges a quien matar”

Con su reciente publicación de La casa de los eucaliptos, Luciano Lamberti, oriundo de San Francisco, Córdoba, no hace más que validar su lugar en la escena literaria argentina.

LucianoLamberti

En el libro se entrelazan el terror, lo fantástico y la ciencia ficción; las ideas centrales de los cuentos parecen talladas a mano, siempre respetando las rigurosidades del género.

Hace ya un tiempo que estás instalado en Buenos Aires. Antes escribías desde el “interior”. ¿Qué peculiaridades crees que tiene el escritor que está por fuera de la General Paz? ¿Cómo fue el proceso de escribir tus primeros libros parado desde Córdoba?

Creo que hoy se puede escribir desde cualquier parte. No hay cuestiones determinantes en ese sentido. Cuando yo empecé a escribir en serio, en la facultad, me enfrentaba mentalmente a dos cuestiones complementarias: la primera era la de no tener vergüenza de representar el lugar de donde venía, porque eso me diferenciaba de los escritores porteños; la segunda, la de no representar ese lugar como idílico o “mejor” que cualquier otro, sino tan parte del cielo y del infierno como cualquiera. Hoy vivo en Buenos Aires pero la mayoría de las cosas que escribo están ambientadas en zonas rurales o semi rurales. No es una decisión política ni estética, es simplemente lo que me sale, lo que ve mi ojo mental a la hora de contar esas historias. Si algún día veo a Buenos Aires, escribiré sobre eso sin problemas.

En tu último libro, “La casa de los eucaliptus” (Random House, 2017), hay cuentos de terror y fantásticos, que apuntan más hacia la dirección de lo sobrenatural, ¿qué podes contarnos sobre él? Aunque es posible suponer también que hay una cuota de ironía y humor alta en ese libro, como en tu anterior publicación, “La maestra rural” (Random House, 2016). 

La casa de los eucaliptus es un libro donde trabajo más con el terror como género. En El loro que podía adivinar el futuro había cuentos fantásticos y de ciencia ficción. Y en El asesino de chanchos que se publicó por primera vez en editorial Tamarisco, en el año 2010, trabajaba con un realismo que se iba deformando. Lo sobrenatural es algo que me interesa ahora, me divierte, me recuerda a aquellos escritores que leía en mi adolescencia, me permite decir cosas y llegar a lugares o tocar puntos que no podía siquiera imaginar siendo realista. Suponés bien: también hay humor en este libro. En todo lo que escribo está ese elemento, a veces voluntario.

casa eucaliptos Sobre el libro

En estos cuentos perturbadores y oscuros, Luciano Lamberti nos habla desde los márgenes. Entre escenarios rurales y urbanos, los seres que protagonizan La casa de los eucaliptus se mueven como esclavos de su pasado y su presente.

Un médico se pierde en los caminos que lo llevan a su pueblo natal. Un presidente joven recibe la visita de un espíritu que le develará el secreto del éxito. Un hombre muere una y otra vez pero siempre resucita. Unos skaters buscan la pista perfecta y se encuentran con criaturas de otra especie. Un artista contemporáneo sufre unas extrañas transformaciones en animal.

Con una escritura impecable, ágil y veloz, Lamberti ilumina con la potencia de su prosa lo sutil, lo no dicho, lo invisible.

«Con macabra ironía, Lamberti sintoniza las pesadillas de la pampa gringa y vuelve literal la idea de pueblo chico, infierno grande. Sus personajes se deslizan casi sin advertirlo hacia la crueldad, el desvarío, las frustraciones que se transforman en delirio. Son cuentos de terror y mueven el piso, pero también son muestras de lo que el terror puede hacer en estas mentes sumergidas en el aburrimiento, los rumores, los prejuicios y la rutina.» Federico Falco

 

Si queres seguir leyendo la entrevista http://www.hoydia.com.ar/magazine/en-mi-generacion-no-tenemos-un-borges-a-quien-matar

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Marcelo Figueras: “Sin el Indio Solari y Rodolfo Walsh no podría entenderme a mí mismo”

El biógrafo del Indio Solari acaba de publicar una nueva novela, “El negro corazón del crimen” (Alfaguara), en la que recrea la vida de Rodolfo Walsh mientras escribía “Operación masacre”.

 

marcelo-figueras

Rodolfo Walsh ya había ganado el Premio Municipal de Literatura por Variaciones en rojo, pero todavía no era Rodolfo Walsh. No era el Rodolfo Walsh que conocemos. Y no lo fue hasta que alguien en un café de La Plata le dijo aquella frase que desencadenaría todo: “Hay un fusilado que vive”. Hasta entonces, pasaba el tiempo entre tableros de ajedrez y novelas policiales, hacía traducciones, colaboraba como freelance para la sección de cultura de medios de baja tirada; pero esa frase lo atravesó como un disparo.

“Se deslumbra porque ve la gran historia, el titular del diario: ‘Hay un fusilado que vive’ es como encontrar al hombre que mordió al perro, la primicia imposible”. El que habla es Marcelo Figueras, autor de El negro corazón del crimen (Alfaguara), novela que recrea la vida de Rodolfo Walsh mientras escribía Operación masacre. Con ese libro fundamental, Walsh desenmascaró la trama de conspiraciones oculta detrás de los “fusilamientos de León Suárez”. Pero el Walsh de Figueras es todavía el hombre en crisis movido por dos pasiones: el amor prohibido de Enriqueta Muñiz y las ansias por descubrir y comunicar la verdad. Es el autor que está cambiando de piel, entendiendo que el compromiso político será lo que, de ahí en adelante, rija su vida.

Marcelo Figueras fue convocado por Grandes Libros para hablar de El negro corazón del crimen, pero, como además él está escribiendo la biografía del Indio Solari, el recital del sábado en Olavarría, en el que trágicamente murieron dos personas, fue, ya desde su primera respuesta, un tema que sobrevoló la entrevista. En estos días, Figueras se ha convertido en un activo defensor de Solari a través de las redes sociales, desde donde critica la labor de los medios e intenta mostrar una versión menos crispada de los hechos.

¿Por qué volver a Rodolfo Walsh hoy?

negro corazón—Hay un listado incontable de razones. La que no puedo evitar decir hoy, precisamente hoy, es el periodismo. Si hay un momento, desde la dictadura para acá, en el que necesitamos periodismo de verdad, es este. Walsh es la figura del santo patriarca que investiga lo que tiene que investigar y dice lo que tiene que decir. Aunque signifique que nunca más vas a conseguir trabajo y que tu vida se va a poner patas para arriba, cuando descubrís algo de lo que cual te constan todas las pruebas y es de interés público, tenés que hacer que se sepa. Precisamente en estos días me surge como la necesidad más imperativa.

Es inevitable preguntarte tu opinión de la cobertura del recital de Solari.

—Me pareció criminal, no se me ocurre otro calificativo. Manejar una información tan delicada con un grado de irresponsabilidad tan grande, es criminal. Estas cosas producen conductas en la vida real, uno actúa a partir de lo que cree verdadero, dándole crédito a los que se supone le están informando sobre algo que han chequeado, y esas conductas condicionadas pueden tener consecuencias graves. Hoy, por ejemplo, me levanté con el artículo de un portal de noticias que decía que el Indio se había suicidado. Me parece criminal.

Figueras habla como masticando bronca. Es un momento del reportaje en el que no se permite ni un gesto. Preferiría hablar de su libro, pero sigue:

—Estamos hablando de un periodismo que ha cambiado, porque los medios son distintos y responden a otro tipo de necesidades. Hablamos de una profesión precarizada y pauperizada, que en buena medida está conformada por gente que tiene la misma preparación que la gente que se ofreció como voluntaria durante el paro docente, y que, obviamente, no tiene ningún código ni de ética ni de procedimientos. Si a esto le sumás el componente político de fondo y la forma en la que se manipula determinadas cuestiones… En el lapso de una semana, después de la marcha de los maestros del lunes que fue en orden, hubo tres enormes manifestaciones populares —la marcha de la CGT, el paro de mujeres y el recital del Indio— de las cuales sólo se habla del descontrol, sólo se habla de algo que no es lo central. Más allá de la limitación de los periodistas per se o de las características de los propios medios, hay una manipulación interesada en decir que toda expresión popular es peligrosa. En este sentido, lo que está pasando no es inocente.

 Hay una manipulación interesada en decir que toda expresión popular es peligrosa.

¿No hubo, no digo falta de previsión, pero un desborde de la convocatoria?

—Las dos muertes son una tragedia y nadie pretende minimizarla. Fuera de eso, todas las cosas que pasaron son las mismas que han pasado en todos los conciertos del Indio. Obviamente hay gente que pierde los micros, hay gente que va y no tiene cómo volver. Pasa siempre. No estoy tratando de minimizar, sino de poner en contexto. La cantidad de emergencias que se atendieron el sábado fue menor a la de Tandil. Las muertes son el centro de esta cuestión y es lo que no hay que perder de vista. Pero todo lo demás se lo está leyendo como si no hubiese ocurrido nunca, como si no fuera parte de lo que pasa siempre y de lo que nunca se dice nada al respecto. No estoy diciendo que está bien o mal, digo que muchos parecen descubrir lo que por lo menos lleva 12 años, que son los años de la carrera solista del Indio. Hay mucha gente que se está montando en una indignación sobre algo que hasta este momento había elegido muy convenientemente no ver. Ahora les conviene marcarlo como si fuera una excepción cuando en todo caso fue la norma.

¿Qué conexión hay entre el Indio Solari y Rodolfo Walsh?

—Por lo pronto, son dos artistas que me construyeron. La referencia va inevitablemente de lo estético a lo ético y de lo ético a lo estético. Hay una elección en la manera de practicar el arte, que de ninguna forma se puede separar de determinadas elecciones de vida. Son dos tipos con una ética del trabajo y una búsqueda de la excelencia que en ningún caso implica encerrarse ni en un laboratorio ni en una biblioteca. Todo lo contrario. En ese sentido son dos ejemplos, sin ellos no podría entenderme a mí mismo. Como escritor, siempre me sentí compelido a tragarme esas dicotomías con la que todos hemos crecido…

¿Dicotomías del tipo “literatura y vida”?

—”Literatura vs. realidad”. En el sentido de que nada que remita a algo que pueda ser real merece ser llamado literatura. A esta altura del partido, diría “literatura vs. empatía”: está mal visto ponerse en la piel de alguien que no sea vos mismo, porque se supone que la literatura debería ir por otros carriles. Yo crecí con esas disyuntivas que me ponían adelante, que traen por añadidura esto de que quienes escriben sobre algo que tiene que ver con lo real o con la empatía escriben peor.

 Walsh tiene el estilo más depurado de la literatura argentina después de Borges.

Una lectura prejuiciosa en la que se los engloba a Claudia Piñeiro, a Sergio Olguín y a vos, entre otros.

—Claro. Pero, en este sentido, Walsh es importante porque rompe esta disyuntiva. A todos los demás se nos puede discutir, pero sentate con este tipo y decile que no tiene el estilo más perfecto y depurado posible. Walsh es la perfecta encarnación de ambos mundos. Es un escritor del carajo, que tiene el estilo más depurado de la literatura argentina después de Borges y que, al mismo tiempo, sólo habla de cosas que le parecen trascendentes. Lo que no significa condescendencia en ningún sentido.

Figueras vuele, entonces, al Indio Solari:

— Nadie diría que condesciende —dice—. Tiene un estilo con su propia lógica, que jamás hace nada para tornarse fácil y que, sin embargo, funciona en sus términos y llega a un público que no necesariamente es académico. Es casi más fácil decodificar las letras del Indio en clave puramente literaria, con referencias particularmente exquisitas, que en un lenguaje llano. Sin embargo, llega a gente que, en principio, podría ser considerada como un público imposible para él. Y con Walsh pasa lo mismo: hay una cuestión de depurar el estilo, de hacerlo lo más preciso posible. Pero no para hacerlo más fácil.

Si queres seguir leyendo la entrevista: http://www.infobae.com/grandes-libros/2017/03/14/marcelo-figueras-sin-el-indio-solari-y-rodolfo-walsh-no-podria-entenderme-a-mi-mismo/

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Epidemia, amor y poder

Una novela que esta dando que hablar y que le esta gustando a todo el mundo es “Los que duermen en el polvo”, de Horacio Convertini, en clave de ciencia ficción, ofrece la historia de un hombre desdichado que aterriza en un barrio porteño asediado por personas infectadas antropófagas.

 

Escenario apocalíptico, esbozos de ‘zombies’ lentos que buscan carne humana, crisis matrimonial, intrigas políticas y asesinatos y desapariciones. Aunque parecieran reunidos por el azar o por una imaginación forzada (ejemplos reales no faltan), esta combinación de elementos en la reciente obra de Horacio Convertini Los que duermen en el polvo(Alfaguara), confecciona una novela cuidadosamente compacta que refleja las consecuencias de la pérdida y la oscuridad que emana de las personas ante situaciones extraordinarias y difíciles, develando la naturaleza macabra que llevamos dentro.

 

Jorge es el personaje principal y único narrador de la obra. Inserto en un matrimonio asfixiante, a este periodista y funcionario nacional lo sorprende el estallido de una extraña y misteriosa epidemia que se extiende rápidamente por la mayor parte de la Argentina, convirtiendo a los infectados en “bichos” en podredumbre y devoradores de personas a los que, en algunos casos, les transmiten el mal. Luego de permanecer en Río Gallegos, la nueva capital nacional, y tras la desaparición de su esposa Érica, Jorge decide regresar a Buenos Aires e instalarse en lo que fuera el barrio de Nueva Pompeya, el único reducto que fue fortificado y fuertemente armado para la resistencia militar.

Mientras Jorge intenta despegarse de la figura omnipresente de Érica e inicia una especie de romance con una jovencita, se desata una serie de asesinatos que disparan todo tipo de sospechas, y obliga al encargado del fuerte, el iracundo Lele Figueroa, a ir detrás de la verdad.

Una de las fortalezas de Los que duermen en el polvo reside en la construcción y el tejido de la trama, similar a una partida de ajedrez, que resulta en una mezcla interesante de géneros literarios. El contexto noir de terror desatado por la epidemia, los “bichos” y los homicidios sin resolver, que tiene a Nueva Pompeya como epicentro de esperanzas (uno de los recursos explotados anteriormente por el autor en otros textos), se transforma en una plataforma de intrigas, manipulaciones y negociados políticos interesados en la fervorosidad del poder y la transformación. El Lele Figueroa es su máximo exponente: político ambicioso, borracho y fumador, cuya tenacidad y perseverancia dentro de las estructuras gubernamentales lo ciegan de la realidad, en la búsqueda de la reconquista para alcanzar los laureles de la heroicidad: “Lo único seguro es que ese momento va a llegar y que se nos ordenará ampliar la frontera, iniciar una guerra de reconquista para limpiar el país y volver a ser lo que fuimos. Y yo, como primer interventor de la Buenos Aires recuperada, estaré en la vanguardia”.

Por otro lado, la relación de Jorge y Érica antes y después de los “bichos”, la posterior desaparición de la mujer y los pensamientos del protagonista marcan el principal atractivo de la novela. De hecho, la narración de Jorge se va ennegreciendo en el transcurso de las páginas, y adquiere tintes psicopáticos y traumatizados. Un hombre que se auto menosprecia intelectual y sexualmente, que ama y odia a su esposa por la superioridad y capacidad de manipulación afectiva de ésta (“Los ojos escrutadores de Érica me sobrevolaban, como los de un dios que sabe todo y que por eso no juzga, sólo administra la condena del desdén”), va degenerando en una espiral de rencor que, en cierto punto del relato, va perdiendo todo atisbo de certezas, pero que, consecuentemente, encierra claves escondidas en esa corriente de recuerdos imperfectos y persistentes. Esa inspiración en el thriller psicológico arrastra al lector a una incertidumbre que durará hasta la última página. Y promete sorpresas inesperadas.

Los que duermen en el polvo conjuga temáticas interrelacionadas que la convierten en una obra atrapante: la resignación a la pérdida, el desprendimiento de lo celosamente retenido, el engaño como herramienta de lo persuasivo, las difuminaciones entre lo bueno y lo malo, y la violencia en sus facetas físicas y psicológicas insertas en situaciones extremas. Quizás las diferencias entre sanos y “bichos” sean tan solo meras apariencias.

Fuente : MDZ diario On line

http://www.mdzol.com/nota/752343-epidemia-amor-y-poder/

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El mono en el remolino, el libro de apuntes de Selva Almada

Lo que se viene.

Una de las flamantes novedades de septiembre es el Diario del rodaje de la esperada película de Lucrecia Martel sobre Zama, de Antonio Di Benedetto. 

mono en el remolinoEl mono en el remolino se llama el nuevo libro de Selva Almada que está saliendo a la venta. Allí la entrerriana escribe su enfoque sobre el rodaje de Lucrecia Martel que se juega su merecidísimo prestigio llevando a la pantalla grande una de las mejores novelas de la literatura nacional: Zama, de Antonio Di Benedetto. “Son textos escritos en tercera persona, en su mayoría”, detalló a Entre Ríos Ahora. Aquí su experiencia.La Ciénaga, La Niña Santa, La Mujer sin cabeza, el cine de Martel va dejando marcas, con historias hechas de climas, silencios que narran y gritan, palabras justas, miradas que murmuran. Por eso ahora tal vez el riesgo sea mayor. Martel se mete con una de las grandes novelas de la literatura Argentina: lo que estrena el 28 de septiembre es Zama, una película basada en la historia homónima de Antonio Di Benedetto.

Antes del estreno, se antepone la salida de un libro que se acopla al viaje, lo prologa y a la vez hace su propia historia. Y ese libro lo escribe y lo firma la autora de El viento que arrasa, Ladrilleros, Chicas muertas, títulos que han resultado centrales en la literatura argentina de la última década.

Selva Almada es una de las principales referentes de la narrativa nacional que se escribe hoy. Y es ella la autora de El mono en el remolino, notas del rodaje de Zama de Lucrecia Martel, que Literatura Random House llevará a las bateas de todas las librerías a partir de la semana próxima.

¿Cómo surgió la propuesta de escribir el libro?
“La idea del libro fue de los productores de la película, Santiago Gallelli y Benjamín Domenech, de Rei Cine. Y Lucrecia Martel les sugirió mi nombre. A mí me gustó enseguida la propuesta, sobre todo porque era muy abierta: ir, mirar y después escribir lo que se me antojara”.

¿De qué modo organizaste el trabajo y cómo lo encaraste? ¿Al estilo de un cronista, de un observador, de un escritor que se mueve detrás de escena?
“Yo no podía estar los dos meses y medio que iba a durar el rodaje porque ya tenía otros compromisos asumidos. Así que de entrada deseché la idea de escribir un diario de rodaje. Cuando estuve allí tomé notas, observé, conversé con la gente (tanto los técnicos como los actores no profesionales). Una vez que empecé a pensar el libro, pasado el rodaje, fue pasando por diversas formas (un libro de entrevistas, un libro sobre la Zama de Martel y un intento anterior de hacer Zama que había tenido como director a Nicolás Sarquís, en los 80), finalmente terminó siendo esto que es: un libro con mis impresiones, con cosas que me llamaron la atención, con trazos del paisaje. Son textos escritos en tercera persona, en su mayoría. Hay uno largo que es una transcripción apenas intervenida, de una charla con una mujer qom”.

¿Qué tipo de relación, si es que se dio, tuviste con la directora y los actores?
“Con Lucrecia nos conocíamos, estábamos trabajando juntas en un proyecto que finalmente no prosperó. Pero durante el rodaje no tuvimos mucho tiempo de conversar; ella tiene una presencia central en todo el trabajo, se involucra completamente en cada escena y en cada cosa detrás de la escena, antes, durante, después? una vez que terminaba el día de rodaje, ella seguía trabajando con los técnicos o reuniéndose con los actores, planeando el día siguiente. Mi rol era de simple observadora y la verdad es que traté de interferir lo menos posible en el trabajo de los demás”.
Su relación con el libro

¿Cómo es escribir sobre la grabación de una peli? ¿Habías estado antes en un detrás de escena?
“No, es la primera y única vez que estuve en un rodaje. Fue una experiencia interesante ver cómo trabaja Lucrecia y cómo trabaja todo el equipo, su entrega y su admiración hacia ella. Y también ver trabajar a personas que no tienen una formación actoral, en algunos casos ni siquiera un contacto con el cine como espectadores”.

¿Habías leído Zama? ¿Qué te había parecido el libro? 
“Sí, había leído la novela hacía unos cuantos años. Recuerdo que me la regalaron, la empecé, la abandoné, luego se la presté a un amigo, a él lo fascinó y me dijo que no entendía cómo no la había leído. Así que su entusiasmo me hizo volver al libro y ya en la primera página yo también me pregunté cómo era posible que lo hubiese abandonado antes: me encantó; la escena del mono en el remolino es tan hermosa? y al mismo tiempo, ahí en la primera página, en ese mono que no se decide a irse, está la clave de la novela. Es un gran libro”.

¿Qué peli de Lucrecia Martel habías visto y cuál es tu preferida?
“Sí, yo admiro muchísimo lo que hace Martel. Vi todas sus películas, hasta un corto que hizo cuando era estudiante o apenas había terminado la carrera: Rey muerto. A mí me gustan todas sus películas. La ciénagaes la que vi más veces, nunca me canso y cada vez que la pesco en la tele no puedo cambiar el canal”.

¿Te gusta escribir para cine?
“El año pasado trabajé en un guión para una productora canadiense. Y ahora estoy escribiendo con Maximiliano Schonfeld (director entrerriano, integrante de la llamada pandilla cerspense junto a Ivan Fund y Eduardo Crespo) el guión de su próxima película”.

Sobre el libro
La toma que se repite. Los susurros de los qom y su prolijo caminar de fila escolar ante las cámaras. Las máquinas que se empantanan. El calor y el barro. Los trajes y las pelucas. El casting. Pueblos fantasma transformados en escenografía; vecinos, en españoles e indígenas; campos, en los páramos donde Don Diego de Zama espera en vano el ascenso que lo saque del ostracismo y la apatía. Mientras Lucrecia Martel filma, Selva Almada observa, pregunta, escribe. Y esas notas -sutiles, líricas- son mucho más que un inspirado e irreverente diario de filmación: son un dispositivo óptico, sensible, que ilumina, fragmenta y profundiza en el mito literario de Zama, atravesando las páginas y las imágenes, de la película al libro.

Fuente: Entre Ríos Ahora.

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Hebe Uhart premio a la trayectoria

Hebe Uhart ganó un reconocimiento internacional por su trayectoria, el gobierno chileno distinguió a la cuentista, novelista, cronista y docente con el Premio Iberoamericano Manuel Rojas, dotado de 60 mil dólares.

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Una vez, Fogwill dijo que era la mejor escritora argentina. Mucho tiempo después, el mundo editorial le hizo caso. Ahora, un jurado compuesto por los autores nacionales César Aira y Martín Kohan, los chilenos Alejandra Costamagna y Ramón Díaz Eterovic y el mexicano Jorge Volpi decidió que Hebe Uhart sea este año la ganadora del Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, dotado con 60 mil dólares, medalla y diploma.

“Aquí estoy acomodando las plantas, para que no se estorben unas a otras, ni tengan partes muertas, ni hormigas. Me produce placer observar cómo crecen con tan poco; son sensatas y se acomodan a sus recipientes; si éstos son chicos, se achican, si tienen espacio, crecen más. Son diferentes de las personas: algunas personas, con una base mezquina, adquieren unas frondosidades que impiden percibir su real tamaño; otras, de gran corazón y capacidad, quedan aplastadas y confundidas por el peso de la vida”.

Así comienza Guiando la hiedra, uno de los cuentos más famosos de Hebe Uhart, que durante mucho, demasiado tiempo, fue una autora de culto, pero no tan reconocida más allá de sus pares. “Se encuentra entre aquellos escritores donde un modo de mirar produce un modo de decir, un estilo: Eudora Welty, Felisberto Hernández, Mario Levrero, Juan José Millás, Rodolfo Fogwill o Clarice Lispector”, escribió una vez sobre ella Elvio Gandolfo.

La gran cuentista argentina, Hebe Uhart, nos presenta una colección de relatos centrados en los pequeños detalles.
La gran cuentista argentina, Hebe Uhart, nos presenta una colección de relatos centrados en los pequeños detalles.

Recién en 2004, cuando le dieron su primer Premio Konex, Hebe Uhart publicó en una editorial comercial grande, y un cuento en una antología. El resto, había salido al mundo por editoriales chicas, muchas de ellas ya inexistentes. Tarde, pero seguro, desde 2010 sus textos dejaron de ser difíciles o imposibles de conseguir gracias a la edición de sus Relatos reunidos (Alfaguara) y entonces cambió el paradigma, se acomodaron un poco las cosas.

Llegaron los galardones, y más publicaciones, viejas y nuevas, ahora sí, disponibles en librerías de todo el país, sin hacer mayor esfuerzo que el de ir a buscarlas. En 2011 le dieron el Premio Fundación El Libro al Mejor Libro Argentino de Creación Literaria y en 2014 otra vez el Konex. Todo esto no hizo nunca que Hebe Uhart se sienta canónica. Su literatura y sus crónicas siguen teniendo la cualidad modesta y emotiva de siempre, esa mirada extrañada sobre la vida cotidiana, la gente, los pueblos chicos, los viajes.

uhart relatos reunidos

Eso se puede ver en la colección de relatos El gato tuvo la culpa (Blatt & Ríos, 2014), la compilación de crónicas de viaje a partir de sus columnas para El País, de Uruguay, Viajera crónica (Adriana Hidalgo, 2011) o el libro Las clases de Hebe Uhart (Blatt & Ríos, 2015), de Liliana Villanueva, que reúne notas y reflexiones tomadas en sus talleres, que da en su casa de Almagro desde hace décadas, mientras convida café y galletitas a sus alumnos, que exige siempre seam principiantes.

Este nuevo reconocimiento, el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, es otorgado anualmente por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del gobierno de Chile con el objetivo de distinguir escritores por su trayectoria y aporte al diálogo cultural y artístico de Iberoamérica. Desde su creación en 2012, Hebe Uhart es la tercera argentina a la que se lo dan (antes fue a Ricardo Piglia, en 2013, y a César Aira, en 2016) y la segunda mujer que lo gana, después de la mexicana Margo Glantz, en 2015.

 

Fuente Diario Zeta: http://www.diarioz.com.ar/#!/nota/reconocimiento-internacional-a-hebe-uhart-por-su-trayectoria-57735/

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