Patricio Pron gana premio de Narrativa de la provincia de Santa Fe

El escritor rosarino Patricio Pron ganó el Premio Provincial de Narrativa “Alcides Greca” 2017 que entrega el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, que en esta edición estuvo dedicado al género novela, por su obra “El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia”.

En esta edición del certamen participaron un total de 82 obras de autores santafesinos: 49 en la categoría obra inédita y 33 en la de obra editada.
El jurado, integrado por los escritores Juan José Becerra y Damián Ríos, y la crítica Nora Avaro, valoró que las obras del rosarino, que fue publicada por Random-House Mondadori en 2012, “le da una vuelta autobiográfica a un tópico ya clásico de la literatura argentina: la violencia política de los años 70 y el terrorismo de Estado”.
 “Con gran pericia técnica en la combinación de diferentes registros, incluidas la crónica periodística y la investigación policial, Pron apela a la autoficción para figurar la historia militante de sus padres y reconstruir esa zona negra de la historia en la que las personas desaparecían”,agregó sobre la obra de Pron, que recibirá un premio de 20 mil pesos.
La novela cuenta la historia de un joven escritor argentino regresa a su país de origen para despedirse de su padre enfermo y se adentra involuntariamente en la historia de su familia a la vez que en la suya propia. Al hacerlo, procura comprender quién fue su padre y en qué creyó durante los años que precedieron a su nacimiento, un período de convulsión política en Argentina lleno de atrocidades y clandestinidad.
Por si te interesa más de la narrativa de Patricio Pron, también tenemos publicadas sus otras novelas: “El comienzo de la primavera”, “El mundo sin las personas que lo afean”,  “No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles”, “Nosotros caminamos en sueños” y “La vida interior de las plantas de interior”.
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Cadáver exquisito, la impactante novela ganadora del Premio Clarín-Alfaguara

Agustina Bazterrica es la autora de Cadáver exquisito, la novela ganadora del Premio Clarín-Alfaguara, que aborda una sociedad distópica en la que está legitimado el canibalismo.

A causa de un virus mortal que afecta a los animales y contagia a los seres humanos, el mundo se ha convertido en un lugar gris, escéptico e inhóspito, y la sociedad se divide entre aquellos que comen y aquellos que son comidos.

¿Qué resto de humanismo puede caber cuando los cuerpos de los muertos son cremados para evitar su consumo? ¿En qué lugar queda el vínculo con el otro si, de verdad, somos lo que comemos? En esta despiadada distopía -tan brutal como sutil, tan alegórica como realista-, Agustina Bazterrica inspira, con el poder explosivo de la ficción, sensaciones y debates de suma actualidad.

 

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Cuestionario a autores: hoy Gabriela Cabezón Cámara

Arrancamos con una nueva sección: el cuestionario a nuestros autores, porque nos interesa conocer y poder mostrarte el corazón de la escritura, el “cómo lo hizo el escritor”, algo de su mundo de interno.

Nuestra primer cuestionada es Gabriela Cabezón Cámara, autora de “Las aventuras de la China Iron”, libro recientemente publicado en el sello Literatura Random House, en este novela se mete con La china, un personaje silencioso y desdibujado del clásico Martín Fierro de José Hernández:  La china, es la mujer de fierro, que es muy joven, casi una adolescente. La china de Gabriela, en cambio toma voz y voto, y así comienzan las aventuras de una mujer liberada recorriendo la historia con su deseo como motor.

 LyL: ¿Cómo nació este libro?

GCC: Hace unos años, en 2013, tuve mucha suerte y me invitaron a ser escritora residente en la Universidad de Berkeley, California. Es una ciudad donde los autos paran para que las ardillas crucen la calle, imagínense la tranquilidad y la belleza. Como única contraprestación, tenía que dar un taller literario dos horas por semana. A mí los académicos me intimidan un poco, así que estaba aterrada. Se me ocurrió dar una taller sobre narrativa escrita en verso. En nuestro país, eso es literatura gauchesca. Así que allá fui con Martín Fierro, La Refalosa y todos sus compañeros. Leyéndolos a fondo me di cuenta de que no había en la gauchesca ninguna mujer que tuviera voz y mucho menos que fuera la que contaba la historia entera. Y me pareció muy divertido empezar a pensarla.

LyL: ¿Cómo fue para vos el proceso de verlo crecer?

GCC: Fue un proceso feliz; es la más luminosa y lúdica de mis novelas, la más llena de amor. No sólo de amor sentimental y erótico; está llena de amor a la naturaleza y a los animales también. Aunque no deja de ser profundamente  política: al reescribir Martín Fierro, escribe también una historia alternativa de nuestro país. Empieza cuando la china, lo que es decir la mujer, no tiene ni nombre la mujer de Fierro en El gaucho Martín Fierro, tiene 14 años, dos hijos y se llevan a Fierro al ejército. Ella encuentra un perrito negro y se pone a jugar como la nena que es. En el caserío en el que vive aparece una inglesa cuyo marido fue llevado por la leva también. La china, que es bastante blanca, se le sube a la carreta con el perrito: piensa que la inglesa debe ser su pariente. Salen a buscar al inglés y la estancia de la que el matrimonio debía hacerse cargo. Para eso atraviesan media llanura. En la carreta, la china aprende muchas cosas. Para empezar, que china no es un nombre. Josefina la bautiza la inglesa. Y después, el mundo entero a través de todos los productos manufacturados ingleses que lleva la carreta. El té, por ejemplo, le depara saber qué es la India, qué son los continentes, qué una religión diferente, qué un mundo esférico. Luego llegarán a un fortín-estancia dirigido por José Hernández. Y no les cuento más así la leen.

LyL: ¿Por qué elegiste ese título?

GCC: Porque quería rescatar la belleza de la literatura cuando uno empieza a leer: contar aventuras, contar un mundo nuevo

LyL: ¿Qué es escribir para vos?

GCC: Fabricarme un lugar en el mundo, un refugio, un espacio para estar en paz

LyL: ¿Qué esperas qué pasé con esta historia?

GCC: Me encantaría que la lea mucha gente. Y que después me cuenten qué pensaron.

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Luciano Lamberti: “En mi generación no tenemos un Borges a quien matar”

Con su reciente publicación de La casa de los eucaliptos, Luciano Lamberti, oriundo de San Francisco, Córdoba, no hace más que validar su lugar en la escena literaria argentina.

LucianoLamberti

En el libro se entrelazan el terror, lo fantástico y la ciencia ficción; las ideas centrales de los cuentos parecen talladas a mano, siempre respetando las rigurosidades del género.

Hace ya un tiempo que estás instalado en Buenos Aires. Antes escribías desde el “interior”. ¿Qué peculiaridades crees que tiene el escritor que está por fuera de la General Paz? ¿Cómo fue el proceso de escribir tus primeros libros parado desde Córdoba?

Creo que hoy se puede escribir desde cualquier parte. No hay cuestiones determinantes en ese sentido. Cuando yo empecé a escribir en serio, en la facultad, me enfrentaba mentalmente a dos cuestiones complementarias: la primera era la de no tener vergüenza de representar el lugar de donde venía, porque eso me diferenciaba de los escritores porteños; la segunda, la de no representar ese lugar como idílico o “mejor” que cualquier otro, sino tan parte del cielo y del infierno como cualquiera. Hoy vivo en Buenos Aires pero la mayoría de las cosas que escribo están ambientadas en zonas rurales o semi rurales. No es una decisión política ni estética, es simplemente lo que me sale, lo que ve mi ojo mental a la hora de contar esas historias. Si algún día veo a Buenos Aires, escribiré sobre eso sin problemas.

En tu último libro, “La casa de los eucaliptus” (Random House, 2017), hay cuentos de terror y fantásticos, que apuntan más hacia la dirección de lo sobrenatural, ¿qué podes contarnos sobre él? Aunque es posible suponer también que hay una cuota de ironía y humor alta en ese libro, como en tu anterior publicación, “La maestra rural” (Random House, 2016). 

La casa de los eucaliptus es un libro donde trabajo más con el terror como género. En El loro que podía adivinar el futuro había cuentos fantásticos y de ciencia ficción. Y en El asesino de chanchos que se publicó por primera vez en editorial Tamarisco, en el año 2010, trabajaba con un realismo que se iba deformando. Lo sobrenatural es algo que me interesa ahora, me divierte, me recuerda a aquellos escritores que leía en mi adolescencia, me permite decir cosas y llegar a lugares o tocar puntos que no podía siquiera imaginar siendo realista. Suponés bien: también hay humor en este libro. En todo lo que escribo está ese elemento, a veces voluntario.

casa eucaliptos Sobre el libro

En estos cuentos perturbadores y oscuros, Luciano Lamberti nos habla desde los márgenes. Entre escenarios rurales y urbanos, los seres que protagonizan La casa de los eucaliptus se mueven como esclavos de su pasado y su presente.

Un médico se pierde en los caminos que lo llevan a su pueblo natal. Un presidente joven recibe la visita de un espíritu que le develará el secreto del éxito. Un hombre muere una y otra vez pero siempre resucita. Unos skaters buscan la pista perfecta y se encuentran con criaturas de otra especie. Un artista contemporáneo sufre unas extrañas transformaciones en animal.

Con una escritura impecable, ágil y veloz, Lamberti ilumina con la potencia de su prosa lo sutil, lo no dicho, lo invisible.

«Con macabra ironía, Lamberti sintoniza las pesadillas de la pampa gringa y vuelve literal la idea de pueblo chico, infierno grande. Sus personajes se deslizan casi sin advertirlo hacia la crueldad, el desvarío, las frustraciones que se transforman en delirio. Son cuentos de terror y mueven el piso, pero también son muestras de lo que el terror puede hacer en estas mentes sumergidas en el aburrimiento, los rumores, los prejuicios y la rutina.» Federico Falco

 

Si queres seguir leyendo la entrevista http://www.hoydia.com.ar/magazine/en-mi-generacion-no-tenemos-un-borges-a-quien-matar

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Marcelo Figueras: “Sin el Indio Solari y Rodolfo Walsh no podría entenderme a mí mismo”

El biógrafo del Indio Solari acaba de publicar una nueva novela, “El negro corazón del crimen” (Alfaguara), en la que recrea la vida de Rodolfo Walsh mientras escribía “Operación masacre”.

 

marcelo-figueras

Rodolfo Walsh ya había ganado el Premio Municipal de Literatura por Variaciones en rojo, pero todavía no era Rodolfo Walsh. No era el Rodolfo Walsh que conocemos. Y no lo fue hasta que alguien en un café de La Plata le dijo aquella frase que desencadenaría todo: “Hay un fusilado que vive”. Hasta entonces, pasaba el tiempo entre tableros de ajedrez y novelas policiales, hacía traducciones, colaboraba como freelance para la sección de cultura de medios de baja tirada; pero esa frase lo atravesó como un disparo.

“Se deslumbra porque ve la gran historia, el titular del diario: ‘Hay un fusilado que vive’ es como encontrar al hombre que mordió al perro, la primicia imposible”. El que habla es Marcelo Figueras, autor de El negro corazón del crimen (Alfaguara), novela que recrea la vida de Rodolfo Walsh mientras escribía Operación masacre. Con ese libro fundamental, Walsh desenmascaró la trama de conspiraciones oculta detrás de los “fusilamientos de León Suárez”. Pero el Walsh de Figueras es todavía el hombre en crisis movido por dos pasiones: el amor prohibido de Enriqueta Muñiz y las ansias por descubrir y comunicar la verdad. Es el autor que está cambiando de piel, entendiendo que el compromiso político será lo que, de ahí en adelante, rija su vida.

Marcelo Figueras fue convocado por Grandes Libros para hablar de El negro corazón del crimen, pero, como además él está escribiendo la biografía del Indio Solari, el recital del sábado en Olavarría, en el que trágicamente murieron dos personas, fue, ya desde su primera respuesta, un tema que sobrevoló la entrevista. En estos días, Figueras se ha convertido en un activo defensor de Solari a través de las redes sociales, desde donde critica la labor de los medios e intenta mostrar una versión menos crispada de los hechos.

¿Por qué volver a Rodolfo Walsh hoy?

negro corazón—Hay un listado incontable de razones. La que no puedo evitar decir hoy, precisamente hoy, es el periodismo. Si hay un momento, desde la dictadura para acá, en el que necesitamos periodismo de verdad, es este. Walsh es la figura del santo patriarca que investiga lo que tiene que investigar y dice lo que tiene que decir. Aunque signifique que nunca más vas a conseguir trabajo y que tu vida se va a poner patas para arriba, cuando descubrís algo de lo que cual te constan todas las pruebas y es de interés público, tenés que hacer que se sepa. Precisamente en estos días me surge como la necesidad más imperativa.

Es inevitable preguntarte tu opinión de la cobertura del recital de Solari.

—Me pareció criminal, no se me ocurre otro calificativo. Manejar una información tan delicada con un grado de irresponsabilidad tan grande, es criminal. Estas cosas producen conductas en la vida real, uno actúa a partir de lo que cree verdadero, dándole crédito a los que se supone le están informando sobre algo que han chequeado, y esas conductas condicionadas pueden tener consecuencias graves. Hoy, por ejemplo, me levanté con el artículo de un portal de noticias que decía que el Indio se había suicidado. Me parece criminal.

Figueras habla como masticando bronca. Es un momento del reportaje en el que no se permite ni un gesto. Preferiría hablar de su libro, pero sigue:

—Estamos hablando de un periodismo que ha cambiado, porque los medios son distintos y responden a otro tipo de necesidades. Hablamos de una profesión precarizada y pauperizada, que en buena medida está conformada por gente que tiene la misma preparación que la gente que se ofreció como voluntaria durante el paro docente, y que, obviamente, no tiene ningún código ni de ética ni de procedimientos. Si a esto le sumás el componente político de fondo y la forma en la que se manipula determinadas cuestiones… En el lapso de una semana, después de la marcha de los maestros del lunes que fue en orden, hubo tres enormes manifestaciones populares —la marcha de la CGT, el paro de mujeres y el recital del Indio— de las cuales sólo se habla del descontrol, sólo se habla de algo que no es lo central. Más allá de la limitación de los periodistas per se o de las características de los propios medios, hay una manipulación interesada en decir que toda expresión popular es peligrosa. En este sentido, lo que está pasando no es inocente.

 Hay una manipulación interesada en decir que toda expresión popular es peligrosa.

¿No hubo, no digo falta de previsión, pero un desborde de la convocatoria?

—Las dos muertes son una tragedia y nadie pretende minimizarla. Fuera de eso, todas las cosas que pasaron son las mismas que han pasado en todos los conciertos del Indio. Obviamente hay gente que pierde los micros, hay gente que va y no tiene cómo volver. Pasa siempre. No estoy tratando de minimizar, sino de poner en contexto. La cantidad de emergencias que se atendieron el sábado fue menor a la de Tandil. Las muertes son el centro de esta cuestión y es lo que no hay que perder de vista. Pero todo lo demás se lo está leyendo como si no hubiese ocurrido nunca, como si no fuera parte de lo que pasa siempre y de lo que nunca se dice nada al respecto. No estoy diciendo que está bien o mal, digo que muchos parecen descubrir lo que por lo menos lleva 12 años, que son los años de la carrera solista del Indio. Hay mucha gente que se está montando en una indignación sobre algo que hasta este momento había elegido muy convenientemente no ver. Ahora les conviene marcarlo como si fuera una excepción cuando en todo caso fue la norma.

¿Qué conexión hay entre el Indio Solari y Rodolfo Walsh?

—Por lo pronto, son dos artistas que me construyeron. La referencia va inevitablemente de lo estético a lo ético y de lo ético a lo estético. Hay una elección en la manera de practicar el arte, que de ninguna forma se puede separar de determinadas elecciones de vida. Son dos tipos con una ética del trabajo y una búsqueda de la excelencia que en ningún caso implica encerrarse ni en un laboratorio ni en una biblioteca. Todo lo contrario. En ese sentido son dos ejemplos, sin ellos no podría entenderme a mí mismo. Como escritor, siempre me sentí compelido a tragarme esas dicotomías con la que todos hemos crecido…

¿Dicotomías del tipo “literatura y vida”?

—”Literatura vs. realidad”. En el sentido de que nada que remita a algo que pueda ser real merece ser llamado literatura. A esta altura del partido, diría “literatura vs. empatía”: está mal visto ponerse en la piel de alguien que no sea vos mismo, porque se supone que la literatura debería ir por otros carriles. Yo crecí con esas disyuntivas que me ponían adelante, que traen por añadidura esto de que quienes escriben sobre algo que tiene que ver con lo real o con la empatía escriben peor.

 Walsh tiene el estilo más depurado de la literatura argentina después de Borges.

Una lectura prejuiciosa en la que se los engloba a Claudia Piñeiro, a Sergio Olguín y a vos, entre otros.

—Claro. Pero, en este sentido, Walsh es importante porque rompe esta disyuntiva. A todos los demás se nos puede discutir, pero sentate con este tipo y decile que no tiene el estilo más perfecto y depurado posible. Walsh es la perfecta encarnación de ambos mundos. Es un escritor del carajo, que tiene el estilo más depurado de la literatura argentina después de Borges y que, al mismo tiempo, sólo habla de cosas que le parecen trascendentes. Lo que no significa condescendencia en ningún sentido.

Figueras vuele, entonces, al Indio Solari:

— Nadie diría que condesciende —dice—. Tiene un estilo con su propia lógica, que jamás hace nada para tornarse fácil y que, sin embargo, funciona en sus términos y llega a un público que no necesariamente es académico. Es casi más fácil decodificar las letras del Indio en clave puramente literaria, con referencias particularmente exquisitas, que en un lenguaje llano. Sin embargo, llega a gente que, en principio, podría ser considerada como un público imposible para él. Y con Walsh pasa lo mismo: hay una cuestión de depurar el estilo, de hacerlo lo más preciso posible. Pero no para hacerlo más fácil.

Si queres seguir leyendo la entrevista: http://www.infobae.com/grandes-libros/2017/03/14/marcelo-figueras-sin-el-indio-solari-y-rodolfo-walsh-no-podria-entenderme-a-mi-mismo/

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