Chamamé

Volvemos con las reseñas libreras y esta vez Nuria Rodriguez se anima con Chamamé de Leonardo Oyola.

La reedición de la novela mitad western, mitad road movie, publicada originalmente en España, que ganó el Premio Dashiell Hammett a la mejor novela policial durante la Semana Negra de Gijón.

“… Bueno, yo he visto al amor venir

Y lo he visto disparar…”  Leonardo Oyola

                           

Cuando el libro llegó a mis manos estaba muy ansiosa por leerlo. Había leído “Kryptonita” y “Hace que la noche venga” pero “Chamamé” se estaba haciendo esperar bastante. Llegué a mi casa y leí el principio:

“… Nunca empiezan.

Explotan.

De una.

Así son mis sueños…”

 

Con esas cuatro líneas ya me compró. No sé cómo explicarlo, es lo que llamo el efecto “patada en la cara” con el que empiezan mis libros favoritos. La novela me atrapó y no me soltó hasta el final, es de esas historias que te hacen pasar de la parada del colectivo por perderte leyendo.

Es una novela policial, la historia en sí, la estructura… Pero no es sólo una novela policial. Si bien hay una traición, un botín de por medio y armas, hay algo que va más allá de la aventura física. Son los personajes que crea Oyola, “El perro” y “el pastor”, personajes con matices, interesantes, que se mueven dentro de la trama impulsados por el amor y la fe. Aunque el amor sea tener que abandonar y la fe sea lo más parecido a la locura. Esto produce una identificación, nos hace transitar todas las páginas al lado de los personajes, sé lo que sienten, alguna vez lo sentí aunque nuestros contextos sean diferentes.

Un irremediable descenso a los infiernos desde el comienzo, un hermoso infierno.

La pluma de Leonardo Oyola es profunda, vertiginosa y transparente, con guiños que nos arrancan sonrisas por momentos pero también es una pluma que expresa la oscuridad y el dolor.

 

Nuria Rodríguez, de Cúspide Pacifico

Continuar leyendo

1982

Walter Ciancia librero de Yenny Altopalermo se fascino con la ultima novela de Sergio Olguín, 1982, editada bajo el sello ALFAGUARA. y aquí nos cuenta se modo de verla.

1982 olguin

La historia de un amor prohibido, entre un joven de 19 años y su madrastra en el contexto de la guerra de Malvinas.

La trama:

«¿Cuántas posibilidades hay en la vida de cruzarse con esa persona? Ellos habían tenido la suerte de encontrarse. Las circunstancias eran un detalle menor, una línea en la historia de su amor.»

Pedro tiene diecinueve años y, a diferencia de los hombres de su familia, no eligió la carrera militar sino la Facultad de Filosofía y Letras. Pero corre el año 1982, y su refugio en la lectura o en las canciones de Spinetta es sacudido por el desembarco de las tropas argentinas en Malvinas: su padre, el teniente coronel Augusto Vidal, se encuentra en el frente de batalla.

Aunque Buenos Aires esté lejos, la guerra lo enrarece todo. El compás de espera que viven en su casa lo aproxima a Fátima, su madrastra. Entre ellos surgirá un deseo desconocido e irrefrenable, un amor con la fuerza arrasadora de la libertad. Una pasión cargada de erotismo que tendrá consecuencias devastadoras.

La reseña:

Sergio Olguín ha escrito una novela que deja al desnudo los alcances insospechados del horror en tiempos de muerte y opresión. Una obra conmovedora que reúne los mejores atributos de su literatura: la gracia, la belleza, la oscuridad.

A veces pienso que una novela podría evaluarse por ese tiempo que pasa, cuando uno se queda con el libro cerrado entre las manos mirando a la nada, justo después de leer las últimas líneas. Con la sensación de que terminó algo, difícil de describir, porque uno no entiende si es algo bueno o malo. Un poco de incertidumbre mezclado con satisfacción. No porque el final deje dudas, sino que las dudas llegan después, cuando sentis que lo que pasó en la novela también lo viviste, un poco porque empatizamos con los personajes y un poco porque lo que pasó en la novela también pasó en la realidad.

La dictadura militar nunca deja de estar presente, es un pasado que siempre vuelve, en esta novela es una forma de narrar la miseria, el deseo de libertad, la represión de los deseos, el dolor.

Es una historia de amor que no puede ser, o mejor dicho, una historia de amor que puede ser, que uno cree que debe ser, que uno desea que sea, pero que las circunstancias y las decisiones no juegan a favor del deseo.

No es otra novela sobre la dictadura, la dictadura se huele, impregna la narración, los acontecimientos, el accionar de los personajes, levita ensombreciendo la relación que tiene el protagonista (Pedro) con su madrastra.

Es una novela luminosa por momentos, oscura por otros con mucho sexo rebeldía y Spinetta.

Miro la la tapa del libro, tres aves en cielo, libres y pienso con tristeza que en algún momento la libertad era posible solo después de la muerte.

Walter Ciancia

Sobre el autor: Sergio Olguín nació en Buenos Aires en 1967. En 1998 publicó el libro de cuentos Las griegas y en 2002 su primera novela, Lanús . Luego aparecieron las novelas Filo (2003), El equipo de los sueños (2004) y Springfield (2007). Ganó el Premio Tusquets con Oscura monótona sangre (2009). Su libro infantil Cómo cocinar un plato volador (2011) fue galardonado con el White Ravens (Internationale Jugendbibliothek, Alemania). Sus últimas novelas pertenecen al género policial: La fragilidad de los cuerpos (2012), Las extranjeras (2014) y No hay amores felices (2016). Sus libros fueron traducidos al alemán, francés e italiano. En 2014 recibió el Premio Konex Diploma al Mérito como uno de los cinco mejores novelistas del período 2011-2013.

 

Continuar leyendo

A propósito de Natalia Ginzburg

Natalia Ginzburg

Esta vez, nuestra querida amiga y librera Gretel Bohoslavsky, de Galerna libros, entra y husmea en el universo de Natalia Ginzburg, la recién recuperada escritora italiana para el lector argentino. 

Como librera es una alegría poder colocar en mesa de novedades, vidriera y recomendar los libros de una escritora como Natalia Ginzburg que hacía mucho tiempo faltaban en las librerías de nuestro país.

Los últimos dos títulos que han aparecido son A propósito de las mujeres y La ciudad y la casa; el primero, un volumen de relatos, algunos inéditos hasta el año pasado, presentados por un artículo de la autora que da título al libro y el segundo, y último de su autoría, es una novela epistolar publicada en 1984.

Tal vez ninguno de ellos se cuente entre los más destacados pero ambos gozan de un tono experimental y de libertades que los acercan. El contexto político es difuso, el fascismo, la guerra y posguerra que son el núcleo de Todos nuestros ayeres (1952), quizás considerada su mejor novela, no forman parte de estos relatos; sus escenarios son los hogares, el espacio íntimo y familiar, los vínculos y sus tensiones; la opresión del campo y la agitación de la vida en Roma.

La ciudad y la casa

Entre la confesión y la anécdota la historia se teje a partir de las cartas que se envían Giuseppe y Lucrezia y otros personajes, amigos, familiares y amantes, que avanzan a duras penas, dudan y se interrogan. Giuseppe se marcha a vivir con su hermano a Estados Unidos cambiando así una ciudad y una casa por otra. Desde la primera carta la escritura es profundamente íntima, está contento de irse y al mismo tiempo siente pena por marcharse. “Llega un momento en que todo aquello en lo que posamos la mirada por primera vez nos resulta ajeno. Lo miramos como turistas, con interés, pero con frialdad. Pertenece a los demás”, así escribe pensando en su partida; con los años se ha vuelto solitario pero reconoce que “siempre hay algún motivo para sufrir”.

Lucrezia harta de su casa en el campo quiere mudarse a la ciudad. Es enamoradiza, fuerte, liberal y mantiene relaciones abiertas. Se casó con el hombre que le gustaba a su madre porque “todo lo que a ella le gustaba se teñía de un bonito color”. Le reprocha a su amigo Giuseppe la falta de apoyo y de atención que le brinda a su hijo Alberico, quien también ha decidido tomar distancia de él.

El título hace referencia al espacio de lo privado y lo público, la ciudad como destino para las esperanzas juveniles y la casa como ámbito de las frustraciones adultas. Cada personaje funciona como la parte de un todo, la escritura casi hablada expresa tanto lo que se dice como lo que se calla con la intención de iluminar las emociones y peligros de una vida.

Las cartas no develan los años en que fueron escritas pero, y tal vez por ello, forman un trayecto que asombra y conmueve al lector y que parece confirmar que “somos un grupo de chiquillos que necesita protección”.

En A propósito de las mujeres Ginzburg nos cuenta que releyendo un texto suyo, escrito después de la Liberación, le resultó “tontorrón; muy rebuscado, con hermosas frases muy estudiadas y bien construidas” pero que ya no quería escribir así. Lo que busca es allanar, depurar el estilo y adentrarse en lo cotidiano, darles voz a personajes que hablan una lengua coloquial y expresar la angustia, miedos y deseos de una forma sencilla y directa. Esto sería finalmente la búsqueda de lo verdadero, un trabajo de profunda introspección y honestidad. Mantiene un gusto por el detalle y por seguir el camino que sus personajes van delineando a ciegas. Así consigue expresar un sentimiento común a todas las mujeres, “el peligro continuo de caer en un gran pozo”.

Los ocho cuentos funcionan como tragedias que dialogan entre sí; un matrimonio concertado por cuestiones económicas, niños que son testigos de una traición, hermanos que sienten temor por el rechazo, una niña que se enamora del novio de su hermana, mujeres que idealizan para sentirse a salvo, un médico rural que se casa para liberarse de una amante por quien siente una pasión que lo esclaviza, hijos que sienten vergüenza y miedo de su madre, muchachas que piensan muy pronto en casarse y hombres que no saben lo que quieren.

A propósito de las mujeres

Las historias sacuden e interpelan al lector, son al mismo tiempo espacios abiertos y cerrados de una profunda desgarradura. Y citando a Marguerite Duras “cuando un sentimiento es grande no se presta a que su espectador lo juzgue adecuado, decoroso o no.”

Sobre la autora

Se cumplieron 100 años de su nacimiento y Lumen la homenajea con la reedición de su obra. Las ediciones cuentan con prólogo a cargo de la escritora española Elena Medel y portadas a cargo del arquitecto y pintor Oscar Tusquets.

Natalia Levi (Palermo 1926-Roma 1991), quien luego de casarse con el profesor e intelectual Leone Ginzburg adoptaría su apellido, es una de las escritoras más destacadas del neorrealismo italiano. Trabajó en la editorial Einaudi fundada por Giulio Einaudi y supo destacarse en un ámbito dominado por figuras masculinas de la talla de Cesare Pavese, Italo Calvino, Pier Paolo Pasolini y Alberto Moravia, entre otros.

muchas gracias por tu reseña Gretel Bohoslavsky

Continuar leyendo

MÁS ACÁ

En “Las invitadas” de Silvina Ocampo, vemos todo a través de un espejo que deforma la realidad. La altera, la descoloca. La matriz que configura los relatos no es mimética, algo se interpone en nuestra visión y lo que se nos presenta es tan extraño como perturbador. Los recuerdos parecen sueños, los sueños; recuerdos. Los cuentos nos colocan de frente a una duda: ¿qué es más terrible? ¿el más allá o el más acá?

 

Lei Torres recomienda Las Invitadas

Por Leila Torres

 

Los niños lo supieron simultáneamente, como un viento que mueve las hojas de un árbol, todas a la vez en diversas formas. Lo supieron en el comedor, en la capilla, en los patios, mientras jugaban a la mancha. Seguramente vestían lo de siempre, estaban limpios. A pesar de sus parecidos, se sentían solos. Creían que lo que cada uno sabía, individualmente, no se sabría nunca: el ángel había llegado y les mostró sus caras. Luego se sintieron a gusto consigo mismos, escribieron cartas en papeles diversos, cartas de colores, largas y ambiguas. Eran felices, estaban compartiendo un secreto y con él, se alejaban del lado fastidioso de la vida. Incluso un día, en dibujo, la maestra les pidió que dibujaran cualquier objeto que sentían: “todos dibujaron, durante un tiempo alarmante, alas (…)”. Alas monótonas, iguales. Fueron regañados por dibujar siempre lo mismo “y por último, escribieron en el pizarrón: Sentimos las alas, señorita”. Y realmente lo sentían, tanto o más profundamente cuando al precipitarse en el abismo, volaron.
De los niños no se sabe nada más así como no tanto más sabemos sobre los personajes o acciones de muchos de los cuentos. Silvina nos cierra una puerta pero a través de su cerrojo, podemos abrir numerosas más. El narrador muestra a la vez que deja oculto y su receta nos seduce, nos embriaga lo justo y necesario para continuar con la lectura. Con el libro, dudamos de nuestra percepción y de los objetos ¿Las cámaras fotográficas no realizan una copia de la realidad? ¿No congelan un momento  y lo reproducen tal cual, volviéndolo eterno? No en “La revelación” donde una señora muy bonita visita al pequeño Valentín que sufre de una enfermedad terminal. Sus amigos, que lo acompañaban, no la veían: “reíamos, pero nuestra risa se confundía con el llanto: de  nuestros ojos salían lágrimas.”
La realidad es oblicua. Los objetos cobran vida y las personas se comportan como objetos. Un simple par de lentes puede manejar el destino de las personas. Néstor Medina era el dueño de “El almacén Negro” y fue velado, tras su muerte, frente al mismo. Lo que hicieron sus hijos a continuación al disputarse su fortuna, le hubiera ocasionado al señor Medina su segunda muerte. La mercadería en el almacén comenzó a pudrirse por lo que hicieron un remate en el que Roberto Spellman, compró unos lentes con el estuche, que le pertenecían a don Néstor Medina. Tres meses después, la buena suerte acompañó a la familia de Roberto Spellman y la familia Medina la perdió. ¿Qué harías vos para recuperarla?  “No parece posible que un par de lentes pueda provocar una tragedia; sin embargo, en este caso, la provocó”.
¿Qué harías si una cara pequeña apareciera en tu mano y te hablara? ¿Qué harías si te combatiera, alejándote de tus deseos? En “La cara en la palma”, la desventura del personaje es la nuestra. Sentimos lo siniestro de la malformación, la impotencia de la autodestrucción. El espejo en el que miramos con Silvina Ocampo, nos devuelve una figura deformada de la realidad y el canibalismo nos parece desagradable ¿Pero qué tan lejos estamos, más acá, en nuestra realidad, de comernos entre nosotros? Pareciera que el espejo tiene pliegues pero en lo defectuoso reside lo maravilloso porque plegar es reducir la visibilidad, disminuirla pero también “entrar en la profundidad de un mundo” (Adriana Mancini).

La mirada infantil presente en alguno de los cuentos, nos cautiva tanto como nos deja perplejos. Los niños carecen de sensatez, de cierta moralidad y hay hechos crueles que se muestran tergiversados. Nuestra mirada adulta colisiona con la infantil y los átomos de nuestro cuerpo vibran. Así sucede cuando los padres de Lucio viajan a Brasil, dejando a la niñera a cargo del cumpleaños. Cuando llega la fecha tan esperada, Lucio recibe siete invitadas: Livia, Alicia, Irma, Milona, Elvira, Ángela y Teresa que son presas de sus acciones. La criada, al finalizar el festejo, denuncia: “Las mujeres son peores que los varones. Es inútil.”

Silvina Ocampo, que durante muchos años estuvo eclipsada por el reconocimiento a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares – su esposo –  y Victoria Ocampo, su hermana, logra convertirse en amanecer y deslumbrarnos con muchas obras (Los días de la noche, Invenciones del recuerdo, La promesa, El dibujo del tiempo, Cornelia frente al espejo y su Autobiografía). La escritora como el sol, el mejor pintor de la naturaleza, dejó plasmadas perfectas sombras y huellas con textura y relieves, que nos invitan a nuestra intimidad, a la introspección siniestra de que nuestra realidad – la que está más acá – complementa lo terrible, lo extraño y lo fascinante.

Leila Torres

Continuar leyendo

M Train El lado B de Patti Smith

La reseña de hoy es de las que más me gustan, donde la música y la vida se cruzan y nos llevan de viaje por territorios mágicos. Es sobre el ultimo libro de Patty Smith, M Train, donde cuenta como sigue su vida después de despedir a sus grandes amores y afectos. Y veo que a Gretel, le pasa los mismo con Patty, es que ella nos toca a todos el corazón.

Gretel Bohoslavsky es librera desde hace 6 años, actualmente trabaja en la librería Ghandi de Puerto Madero. Estudió teatro, hace yoga, le gusta leer y sobre todo hablar de libros con clientes, compañeros y amigos. Le gusta la poesía, los libros infantiles y sus autores preferidos son Marguerite Duras y John Berger.

M Train

M Train  El lado B de Patti Smith

En diciembre de 2016 llegó a las librerías M Train (Lumen) último libro de Patti Smith. Si con Éramos unos niños (2010) realizamos el trayecto que la llevó en 1967 de Chicago a Nueva York donde conoció a Robert Mapplethorpe, con quien compartió sus años de formación y búsqueda artística, con M Train nos asomamos a la intimidad de una artista que a sus 70 años no ha traicionado sus ideas de libertad, su sensibilidad para registrar detalles de la vida cotidiana que nos conectan velozmente con el pasado y que pueden proyectar cierta esperanza hacia el futuro.

Ya en Babel (1978) podemos reconocer los temas que estarán presentes en su narrativa “El argumento de nuestra vida suda en la oscuridad como un rostro. El misterio en explosión del nacimiento. De la infancia misma. Excursiones a tumbas. Ofertas apacibles. ¿Qué nos llama? ¿Por qué debemos rezar gritando? ¿Por qué no se redefine a la muerte? Cerramos nuestros ojos, estiramos los brazos y giramos en torbellino sobre un cristal”. Las imágenes a las que alude este fragmento podemos encontrarlas también en M Train pero con la madurez estilística de una artista que forma parte de la vanguardia.

M Train es un libro melancólico, onírico, una confirmación de sus obsesiones y un registro de sus viajes a lugares como Tánger, en Marruecos o Coyoacán, en México que realizó movida por su admiración a Paul Bowles y Frida Kahlo.

Por la mañana y desde un rincón del café’ Ino del Greenwich Village partimos hacia Saint-Laurent-du-Maroni, una ciudad al norte de la Guayana Francesa que visitó junto a su marido Fred Smith con el deseo de ver qué quedaba de la colonia penal de la que escribió Genet en su libro el Diario del ladrón y bajo la promesa de que al regresar buscarían su primer hijo.

Sus relatos involucran también aspectos en apariencia triviales que generan una profunda empatía con el lector como cuando después de regalar a sus gatos unos ratones de juguete con olor a hierba gatera pasa Nochebuena en un cine cerca del hotel Chelsea, sola entre “vagos” viendo Millenium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres. Así descubrimos su afición por las series policiales como CSI: Miami, Ley & Orden, The Killing, en su versión americana, y su identificación con la protagonista a quien dedicará el capítulo “Cómo Linden mata lo que ama”. Tanta fue su admiración por la detective Sarah Linden que llegó a participar en uno de los episodios.

Su interés por la obra del geofísico alemán Alfred Wegener nos lleva a la ciudad de Reikiavik, en Islandia y más tarde a Alemania, donde se hospeda en un hotel de la antigua Berlín Oriental cercano al café Pasternak. Siempre acompañada de su Polaroid retrata en blanco y negro al autor de El maestro y Margarita, Mijaíl Bulgákov; contempla también los retratos de los poetas Anna Ajmátova y Vladímir Maiakovski y visita la tumba de Bertolt Brecht, en el cementerio de Dorotheenstadt.

Patti Smith Más tarde nos acerca a las tumbas de Yukio Mishima, Ryunosuke Akutagawa y Osamu Dazai, en Tokio y de Sylvia Plath, en Yorkshire.

No quisiera que ésta enumeración de acontecimientos dejara de lado la emoción con que son narrados, la permanente conexión con sus recuerdos, su fascinación por Roberto Bolaño, Haruki Murakami, W.G. Sebald, Albert Camus, Herman Hesse y William Blake por nombrar algunos. Sus inquietudes literarias conviven con el amor por su familia, con la pérdida tras la muerte de su marido, su madre y amigos. Su relación con las cosas es profundamente emotiva y simbólica como su sueño del café propio al que llamaría Nerval y que sería un lugar de reunión para poetas y viajeros, el de vivir junto al mar con un jardín destartalado pero que fuera suyo.

Los recuerdos son vívidos, piensa en voz alta y podemos escucharla declamar “Queremos cosas que no podemos tener. Intentamos recuperar cierto momento, cierto sonido, cierta sensación. Yo quiero oír la voz de mi madre. Quiero ver a mis hijos cuando eran niños. Manos pequeñas, pies ligeros. Todo cambia. El hijo crece, el padre muere. La hija es más alta que yo, llorando por una pesadilla. Por favor, quédense para siempre, les digo a las cosas que conozco. No se vayan. No crezcan”. Su falta de pose y su honestidad intelectual como cuando nos dice “No es tan fácil escribir sobre nada” no se contradicen con su abordaje metafísico que practica desde lo cotidiano, no desde lo filosófico.

Para quien escribe estas líneas haber leído M Train en el verano porteño y con la desazón de los días cercanos a las fiestas de fin de año, fue un verdadero regalo de Navidad.

 

 

Discos sugeridos:

Horses (1975)

Land (1975-2002)

Banga (2012)

Continuar leyendo