Dimensiones de Alice Munro

A Leila, la conocí en un desayuno de la editorial, en las presentaciones de novedades en San Telmo, tiene 20 años y trabaja en la librería El Aleph de Avellaneda. Viene de familia librera y muy muy lectora, estudia comunicación y lo que más le gusta es cantar y hacer tela, fibra de artista.

Eligió reseñar Dimensiones de Alice Munro, sus relatos tienen una profundidad humana tan honda que entrar en ella puede resultar pertubardor o milagroso. Leyendo su reseña intuyo que Leila es de la chicas Lara Crosf, de las guardianas que se internan en el tema y salen con la reliquia a salvo. Acá va su mirada sobre “Dimensiones”.

Lei Torres, Librería El Aleph Avellaneda

 

Aire quizás sea lo que más necesitemos a la hora de embarcarnos en la lectura de “Dimensiones” de Alice Munro -ganadora del Premio Nóbel de Literatura 2013- publicado en Demasiada felicidad. Podríamos reclamarle por qué no nos regala finales felices, tal como ella lo necesitó de pequeña con “La Sirenita” pero ¿qué sentido tendría este reclamo? Las sirenas respiran bajo el agua sin dificultad. El desafío de respirar cuando la realidad nos ahoga lo tenemos nosotros. Acaso la autora nos lo advierte en un comienzo a través de Doree, nuestro personaje principal quien le dice a su esposo: “Tienes que tomar aire”. A lo largo de la narración, nos encontramos sosteniendo la respiración como si los hechos que se desenvuelven por momentos nos sofocaran para luego dejarnos exhalar y volver a inhalar, al menos por unos instantes.

Sin pedir permiso, el narrador nos exige dar saltos en el tiempo pero esta exigencia no nos fatiga si no que es placentera. El mismo nos coloca como lectores en un punto de partida: Doree es camarera del Bluee Spruce Inn pero algo le ocurrió y ella permite que el trabajo la agote de tal forma que dormir se torne posible. Lleva en su cuerpo la impresión de un pasado que nos intriga y el cual podemos visitar de a poco. Cuanto más nos sumergimos en él, el narrador nos aparta en un constante juego de elipsis, porque todavía no podemos verlo todo y nos sitúa en otra escena cuyos diálogos nos dejan aspirando a más.

Somos continuamente colocados y descolodados en distintos momentos de la historia de Doree y a nosotros, lectores, no nos queda más remedio que disfrutar estos sacudones. Esto es propio del estilo de Alice Munro en el mencionado libro: el suelo que pisamos cuando nos enfrentamos a sus lecturas no es fijo y muchos de los terremotos que mueven las historias, ocurren también en lo más profundo de nuestro ser. Citando a Franz Kafka, sus cuentos logran “ser el hacha que rompe el mar helado dentro de nosotros”.

La protagonista nos toma de la mano desde el principio y la acompañamos a tomar tres autobuses. ¿Hacia dónde? Estamos ansiosos pero todo viaje implica paciencia. Pronto la historia frena y nos muestra una foto: un recién nacido en sus brazos, Barbara Ann y Sasha a cada lado, lo miran. Tres autobuses, tres niños.

Continuando la lectura vemos un poco más gradualmente, como si desempañáramos un vidrio. La crueldad que presenciamos contenida en ciertos momentos nos impacta y quisiéramos soltarle la mano a Doree, para que no duela. Vemos como le afectan los hechos a Doree, somos sus cómplices. Desde nuestra dimensión, hacemos nuestros sus secretos y nos ensimismamos en la narración para comprender su sentido. Quizás a esto se deba el vuelco de nuestro estómago en el incidente de mayor tensión de la historia que no se presenta como colorida epifanía sino como un golpe crudo de realidad que vuelve a Doree diferente.

Los pasajes al pasado no son los únicos que se abren continuamente si no también la voz de los personajes. En las cartas que Doree recibe de Lloyd, su esposo preso, no hay ningún tipo de introducción. La voz de Lloyd realiza un tajo y nosotros nos adentramos en el mismo como si las cartas nos pertenecieran. Su carácter enigmático resulta abrumador y junto a Doree vamos en busca de explicaciones.

Pero las explicaciones nunca resultan suficientes y nosotros nos nutrimos de esa falta. Lo que no se dice nos lleva a la reflexión que Alice Munro construye con éxito. ¿Por qué “Dimensiones”? ¿Acaso esta es la única realidad que vivimos? ¿Son posibles otras realidades? ¿Cuáles vivenciamos y cuáles son producto de nuestra locura? O mejor, ¿cuál dimensión elegimos cuando la realidad nos excede? Doree encuentra que la nueva dimensión creada le da tranquilidad, le proporciona un refugio de los miedos que la acechan. Miedos que tienen nombre propio y que la persiguen hasta el final.

La velocidad del final pone en jaque nuestra respiración por última vez. En la dimensión de la historia debe haber silencio. Un chico que aparece lastimado debe respirar y todos los personajes implicados, para Doree, deben procurarlo. Posiblemente al leer la última palabra, el lector se encuentre en su dimensión exhalando un aire pesado, escalofriante y temeroso al recordar que la muerte también está de este lado.

 

Leila Torres

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4 comments

  1. Tengo el libro en mi biblioteca, pero todavía está en mi lista de “pendientes”. Esta noche cuando llegue a casa, voy a abrirlo y comenzar por Dimensiones. Me maravilló tu reseña Leila. Besos

  2. Maravillosa….de tal palo …tal astilla…Hermosa Hija y orgullo de sus queridos papás…Consuelo y Ariel..
    Profundo orgullo como Berazateguense ….FELICITACIONES !!!

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