M Train El lado B de Patti Smith

La reseña de hoy es de las que más me gustan, donde la música y la vida se cruzan y nos llevan de viaje por territorios mágicos. Es sobre el ultimo libro de Patty Smith, M Train, donde cuenta como sigue su vida después de despedir a sus grandes amores y afectos. Y veo que a Gretel, le pasa los mismo con Patty, es que ella nos toca a todos el corazón.

Gretel Bohoslavsky es librera desde hace 6 años, actualmente trabaja en la librería Ghandi de Puerto Madero. Estudió teatro, hace yoga, le gusta leer y sobre todo hablar de libros con clientes, compañeros y amigos. Le gusta la poesía, los libros infantiles y sus autores preferidos son Marguerite Duras y John Berger.

M Train

M Train  El lado B de Patti Smith

En diciembre de 2016 llegó a las librerías M Train (Lumen) último libro de Patti Smith. Si con Éramos unos niños (2010) realizamos el trayecto que la llevó en 1967 de Chicago a Nueva York donde conoció a Robert Mapplethorpe, con quien compartió sus años de formación y búsqueda artística, con M Train nos asomamos a la intimidad de una artista que a sus 70 años no ha traicionado sus ideas de libertad, su sensibilidad para registrar detalles de la vida cotidiana que nos conectan velozmente con el pasado y que pueden proyectar cierta esperanza hacia el futuro.

Ya en Babel (1978) podemos reconocer los temas que estarán presentes en su narrativa “El argumento de nuestra vida suda en la oscuridad como un rostro. El misterio en explosión del nacimiento. De la infancia misma. Excursiones a tumbas. Ofertas apacibles. ¿Qué nos llama? ¿Por qué debemos rezar gritando? ¿Por qué no se redefine a la muerte? Cerramos nuestros ojos, estiramos los brazos y giramos en torbellino sobre un cristal”. Las imágenes a las que alude este fragmento podemos encontrarlas también en M Train pero con la madurez estilística de una artista que forma parte de la vanguardia.

M Train es un libro melancólico, onírico, una confirmación de sus obsesiones y un registro de sus viajes a lugares como Tánger, en Marruecos o Coyoacán, en México que realizó movida por su admiración a Paul Bowles y Frida Kahlo.

Por la mañana y desde un rincón del café’ Ino del Greenwich Village partimos hacia Saint-Laurent-du-Maroni, una ciudad al norte de la Guayana Francesa que visitó junto a su marido Fred Smith con el deseo de ver qué quedaba de la colonia penal de la que escribió Genet en su libro el Diario del ladrón y bajo la promesa de que al regresar buscarían su primer hijo.

Sus relatos involucran también aspectos en apariencia triviales que generan una profunda empatía con el lector como cuando después de regalar a sus gatos unos ratones de juguete con olor a hierba gatera pasa Nochebuena en un cine cerca del hotel Chelsea, sola entre “vagos” viendo Millenium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres. Así descubrimos su afición por las series policiales como CSI: Miami, Ley & Orden, The Killing, en su versión americana, y su identificación con la protagonista a quien dedicará el capítulo “Cómo Linden mata lo que ama”. Tanta fue su admiración por la detective Sarah Linden que llegó a participar en uno de los episodios.

Su interés por la obra del geofísico alemán Alfred Wegener nos lleva a la ciudad de Reikiavik, en Islandia y más tarde a Alemania, donde se hospeda en un hotel de la antigua Berlín Oriental cercano al café Pasternak. Siempre acompañada de su Polaroid retrata en blanco y negro al autor de El maestro y Margarita, Mijaíl Bulgákov; contempla también los retratos de los poetas Anna Ajmátova y Vladímir Maiakovski y visita la tumba de Bertolt Brecht, en el cementerio de Dorotheenstadt.

Patti Smith Más tarde nos acerca a las tumbas de Yukio Mishima, Ryunosuke Akutagawa y Osamu Dazai, en Tokio y de Sylvia Plath, en Yorkshire.

No quisiera que ésta enumeración de acontecimientos dejara de lado la emoción con que son narrados, la permanente conexión con sus recuerdos, su fascinación por Roberto Bolaño, Haruki Murakami, W.G. Sebald, Albert Camus, Herman Hesse y William Blake por nombrar algunos. Sus inquietudes literarias conviven con el amor por su familia, con la pérdida tras la muerte de su marido, su madre y amigos. Su relación con las cosas es profundamente emotiva y simbólica como su sueño del café propio al que llamaría Nerval y que sería un lugar de reunión para poetas y viajeros, el de vivir junto al mar con un jardín destartalado pero que fuera suyo.

Los recuerdos son vívidos, piensa en voz alta y podemos escucharla declamar “Queremos cosas que no podemos tener. Intentamos recuperar cierto momento, cierto sonido, cierta sensación. Yo quiero oír la voz de mi madre. Quiero ver a mis hijos cuando eran niños. Manos pequeñas, pies ligeros. Todo cambia. El hijo crece, el padre muere. La hija es más alta que yo, llorando por una pesadilla. Por favor, quédense para siempre, les digo a las cosas que conozco. No se vayan. No crezcan”. Su falta de pose y su honestidad intelectual como cuando nos dice “No es tan fácil escribir sobre nada” no se contradicen con su abordaje metafísico que practica desde lo cotidiano, no desde lo filosófico.

Para quien escribe estas líneas haber leído M Train en el verano porteño y con la desazón de los días cercanos a las fiestas de fin de año, fue un verdadero regalo de Navidad.

 

 

Discos sugeridos:

Horses (1975)

Land (1975-2002)

Banga (2012)

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